martes, 22 de enero de 2019

Los niños y niñas rohingyas, entre el exilio y la supervivencia.


Al amparo de la violencia de la cual eran víctimas en Myanmar, los rohingyas hacen frente a otros azotes en los campos de Cox’s Bazar en Bangladesh. Descubrid cómo Terre des hommes – Lausana (Tdh – Ayuda a la infancia) contribuye a mejorar las condiciones de 55.000 niños y niñas y sus familias.
En una de las cabañas de lona y de bambú que forman el gigantesco laberinto del campo de Kutupalong, en la región de Cox’s Bazar, al sur de Bangladesh, Nour* mima a  su hija de ocho meses. La joven de 25 años ha tenido que huir de su casa en Myanmar hace un año. Agotada por su periplo, Nour dio a luz a su pequeña poco después de su llegada. «Antes de ser asistida por Tdh, Ayesha* tenía bajo peso, estaba débil y a menudo enferma», nos cuenta ella.
Salida del terror nacida en el exilio
La pequeña Ayesha ha visto la luz en el mayor campamento del mundo. Más de 700.000 refugiados rohingyas se han juntado con los 200.000 ya presentes desde hace décadas. Los miembros de esta minoría musulmana del Estado birmano de Rakhine han huido de las nuevas persecuciones desde agosto de 2017.  Asesinados, violados, pueblos quemados: un abrumador informe de la ONU habla de genocidio.
En uno de los siete centros de nutrición de Tdh, Ayesha recibió la asistencia que le ha permitido alcanzar un peso normal. Otras madres y sus bebés desfilan por los centros en un estado crítico. «Cerca del 15% de los 450.000 niños y niñas refugiados sufren de malnutrición severa», explica Iris Mariad, que se encarga del proyecto sanitario de Tdh. Nuestros centros de nutrición han permitido acudir en ayuda de más de 20.000 niños y niñas menores de cinco años, y se han dispensado más de 1.500 consultas a mujeres embarazadas y en periodo de lactancia. Los mil primeros días de vida de un niño o una niña son cruciales para su desarrollo. Las carencias en estos momentos de su vida pueden causar secuelas como retraso del crecimiento y un debilitamiento de las capacidades cognitivas. «La malnutrición vuelve a los niños y niñas más vulnerables a las enfermedades, su sistema inmunitario no es capaz de protegerles», recuerda Iris.
Prevenir las epidemias   
Las lluvias torrenciales del monzón entre junio y septiembre aumentan los riesgos de inundaciones y de epidemias como el cólera, al volverse el agua insalubre. Evitar la propagación de enfermedades no es únicamente luchar contra la malnutrición, sino también conseguir medidas para mejorar la higiene y la calidad del agua. Por eso, Tdh ha intensificado sus esfuerzos para asegurar el acceso al agua potable tratando las fuentes de agua con cloro, así como arreglar y poner en marcha las letrinas. Paralelamente, las familias son sensibilizadas en medidas de higiene. Nuestros proyectos han cubierto las necesidades en agua, saneamiento e higiene de más de 30.000 refugiados.
¿Y después?
La estación del monzón ha quedado atrás y da un respiro a las familias rohingyas. Queda sobreponerse a los retos cotidianos de supervivencia, curar las heridas psicológicas, apaciguar las tensiones nacientes entre las comunidades huéspedes y los refugiados. Sakib Nazmul, coordinador psicosocial de Tdh originario de Bangladesh, observa la frustración de su comunidad: «La población local al principio era muy acogedora, pero esta zona ya era muy pobre antes de la crisis. Ahora, se han instalado aquí casi un millón de personas completamente desprovistas.» En nuestra próxima base, en una zona donde viven las dos comunidades, se propondrá ayudar a la vez a los rohingyas y a los de Bangladesh, para una aproximación más duradera. Aunque nadie osa imaginar que la crisis se eternizará. Nour no quiere ver a su hija crecer en un campo. «Ella necesita un lugar permanente donde poder vivir.»  Pero como muchos rohingyas, la joven está demasiado aterrorizada por lo que ha vivido y por el  riesgo de sufrir de nuevo en Myanmar para pensar en volver.
Fuente original: http://bit.ly/2R7fKjg