miércoles, 3 de octubre de 2018

En la frontera Venezuela-Colombia, «las necesidades son enormes y la respuesta humanitaria casi inexistente»


La crisis que sacude Venezuela obliga a miles de habitantes a abandonar su país. Muchos de ellos, son familias y menores no acompañados que atraviesan la frontera hacia Colombia y se encuentran en condiciones de vida espantosas. Marion Prats, especialista en protección de la infancia en las crisis humanitarias, está sobre el terreno y nos da su testimonio.
El hundimiento de la economía, la hiperinflación, la falta de acceso a la alimentación y a los medicamentos, la ausencia de servicios básicos como hospitales y escuelas, Venezuela está asolada por una crisis política, social y económica. Con la esperanza de huir de esta situación, decenas de miles de venezolanos atraviesan cada día la frontera de su país. Su número varía según las fuentes: 462.000 son registrados oficialmente en Colombia, pero las estimaciones más corrientes hablan de más de un millón. Es altamente probable que la cifra aumente de manera explosiva de aquí a fin de año.
Llegados a la costa colombiana, con solo algunos efectos personales, a menudo de manera irregular, las familias emigrantes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad extrema. «La mayoría de estas personas no tienen acceso a la asistencia sanitaria básica y les falta información sobre cómo gestionar su llegada al país. Tienen muchas dificultades para encontrar un lugar donde alojarse y se encuentran durmiendo en la calles o confinados más de treinta en una habitación. Para sobrevivir, deben vender todos sus bienes, realizar pequeños trabajos informales, recurrir al tráfico o cometer pequeños actos delictivos. Las mujeres a menudo no tienen más elección que vender su pelo (para el mercado de extensiones capilares) y prostituirse», nos cuenta Marion Prats, especialista en protección a la infancia en las crisis humanitarias de Terre des hommes – Lausana (Tdh – Ayuda a la infancia), que se ha dado cita en Villa del Rosario y en Puerto Santander, al norte del país.
Una parte de los emigrantes son menores, muchos de ellos se encuentran solos, sin sus padres. «La situación de los niños y niñas es alarmante. A menudo son obligados a trabajar, a veces desde los seis años, y están confrontados a la estigmatización y a enormes riesgos de violencia sexual sobre todo. Ellos no tienen acceso a la escuela, ni a un alojamiento digno. También hay casos de tráfico, de venta e incluso de alquiler de niños y niñas», prosigue Marion.
A pesar de la gravedad del contexto y de la amplitud de las necesidades, pocas organizaciones están presentes para aportar un apoyo. «Las necesidades son enormes y la respuesta humanitaria casi inexistente. A la gente – sobre todo a los niños y niñas – les falta de todo.» Los equipos de Tdh se movilizan actualmente para sensibilizar al público y a los donantes con el fin de aportar lo más rápidamente posible una ayuda adecuada y proteger a los niños y niñas más vulnerables.
Fuente original: http://bit.ly/2IAJTol