jueves, 2 de agosto de 2018

La educación en Irak: un primer paso hacia la reconstrucción


A finales de 2017, Irak ha anunciado el fin de la guerra contra el Estado Islámico (EI) después de la liberación de las últimas zonas ocupadas por el grupo yihadista. Un conflicto que ha durado tres años y obligado a cientos de miles de familias a huir de la violencia. ¿Qué ocurre ahora con los niños y niñas y su educación en este contexto de postguerra?
Comienza un nuevo capítulo para más de 3,6 millones de personas al volver a su casa en Irak, las familias se ven confrontadas a la destrucción y devastación. «En la cultura iraquí una casa es algo más que cuatro paredes. Ante todo es un lugar lleno de recuerdos», explica Intisar Rashid, agente de enlace de Terre des hommes – Lausana (Tdh – Ayuda a la infancia) en Irak. Para los niños y niñas que se ven privados de estos lugares de recuerdos y que han vivido tres traumatizantes años, la situación es difícil.
Zonas como Al-Anbar y Tal Afar han sido ocupadas por el EI durante tres largos años. Los niños y niñas han sido expuestos a la violencia, han sido adoctrinados en las escuelas dirigidas por el grupo yihadista o han sido escondidos por sus padres, que querían protegerles de este adoctrinamiento. La guerra en Irak es el origen de múltiples exposiciones a experiencias traumáticas para los niños y niñas, debido al desplazamiento, la violencia o la no escolarización.
La educación de los niños y niñas es el punto de partida del resurgimiento después del conflicto. E incluso aunque el conflicto esté siempre presente en el espíritu de la población que necesitará tiempo para sobreponerse al trauma, garantizar el acceso a la educación e impedir el abandono escolar constituye el primer paso para asegurar un futuro perdurable para el país.
Sobreponerse a las experiencias traumáticas
Además de distribuir material para ayudar a las familias a regresar a sus casas, Tdh da prioridad a asegurar el acceso a la educación en un contexto donde las clases sobrecargadas donde se reúnen niños y niñas de todos los niveles. En las escuelas donde nosotros damos actividades, empezamos por evaluar en qué punto el educador está marcado por el conflicto. «Hay un temor general en las escuelas de ver al EI regresar o atacar de nuevo mediante combatientes ocultos entre la población», explica Cynthia Winkelmann, nuestra especialista en ayuda humanitaria. Los profesores, que juegan un papel crucial en la vida de los niños y niñas y de la comunidad, reciben un apoyo psicosocial para ayudarles a hacer frente a la situación. También se les forma para asegurar una acogida adaptada para los niños y niñas que han sufrido traumas en lugares que deberían ser seguros. «Nosotros apoyamos la resiliencia para facilitar el regreso a su casa, y les ayudamos a adquirir algunas competencias esenciales que podrán aprovechar para sobreponerse a las experiencias traumáticas.» confía Marta Alberici, nuestra coordinadora encargada de la protección y de la educación de los niños y niñas en Irak.
Para intentar obtener un efecto duradero, los profesores aprenden también a dar eficazmente sus lecciones en contextos de urgencia o a numerosos niños y niñas con importantes lagunas, sobre todo a enseñar competencias elementales de comunicación o a gestionar sus emociones. Nuestro principal objetivo consiste en construir un entorno inclusivo que esté adaptado a los niños y niñas para impedir que abandonen la escuela. Incluso se dispensan lecciones suplementarias después de las clases para permitir a los niños y niñas que no estaban escolarizados o que frecuentaban escuelas dirigidas por el EI a alcanzar el nivel con el fin de que puedan proseguir su escolarización.
Fuente original: http://bit.ly/2KrjYyO