lunes, 21 de mayo de 2018

El monzón en Cox’s Bazar: «Todo puede colapsar en un instante»


850.000 rohingyas refugiados en Bangladesh afrontan las primeras lluvias en tiendas de campaña. El próximo Monzón representa un reto humanitario de gran envergadura en el campo de Kutupalong, donde la situación sanitaria va empeorando e impacta en la salud de los niños y niñas ya vulnerables. En este contexto de crisis, Terre des hommes – Lausana (Tdh – Ayuda a la infancia) se prepara para las inclemencias y los ciclones, que tienen fama de devastadores en la región.
Al sureste de Bangladesh, se está esperando precipitaciones y ciclones de afamada virulencia sin parangón de abril a septiembre. Las sucesivas inundaciones en las rutas de acceso al campo de Kutupalong, a veces estrechas pistas de tierra deslizante, van a complicar la llegada de la ayuda a los 850.000 rohingyas que han huido de la violencia en Birmania. El 91% de ellos dependen actualmente del aprovisionamiento humanitario. Las familias próximamente van a tener que afrontar tres grandes problemas: acceder a la comida, dormir secos y resistir a las epidemias.
La malnutrición es el problema de salud número uno actualmente en el campo. 400.000 niños y niñas viven allí. La cuarta parte de ellos está desnutrido y la mayoría tienen menos de cinco años. «Hemos formado a un centenar de jóvenes rohingyas para identificar los casos importantes. Ellos recorren el campo todos los días e informan a estos niños y niñas sobre uno de nuestros siete centros de nutrición. En este momento se les hace un seguimiento a unos 2.000 y 3.000 niños y niñas enfermos», explica Martin Morand, nuestro experto en urgencia humanitaria. Las dificultades de acceso a la alimentación a causa de las inclemencias del tiempo y de la ausencia de diversidad alimentaria a su disposición aumentan los riesgos de malnutrición agua y de defunciones en una población ya vulnerable.
Los vetustos refugios en los cuales viven los rohingyas corren el riesgo de degradarse rápidamente. Están hechos de una simple estructura de bambú apoyada en el suelo, recubierta con una lona de plástico a través de la cual corre el agua. «Es difícil saber de antemano qué refugio va a resistir y cuál no, pues es el primer monzón para este campo superpoblado. Lo que es cierto, es que va a ser una catástrofe. Todo puede colapsarse y volar en un instante. No hay allí fundaciones, no se puede construir en firme. Estamos consolidando nuestros centros de salud y de acogida de los niños y niñas para ofertar refugios sólidos para cuando los refugios más precarios se derrumben», detalla Martin Morand.
Tenemos reservas de colchones, kits de higiene y alimentación desecada, y también  material médico contra el cólera, las diarreas agudas y el dengue. Tdh supervisa la construcción de letrinas y pozos e insiste en las campañas de lavado de las manos para prevenir epidemias.
Los rohingyas también necesitarán cuerdas, bambú y lonas después del paso de los ciclones. «Estamos reuniendo estas cosas. Equipos de confianza podrán gestionar el acceso al material en el caso de que los vehículos de avituallamiento no puedan acceder a la población», precisa Martin Morand.
Fuente original:  http://bit.ly/2kdbzVd