lunes, 13 de julio de 2015

Encuentro con los niños y niñas sirios en Irbid

Salam, Yana, Mariam, Mohammad y Abd-Al Malek tienen entre 4 y 18 años. Niños y niñas sirios, han debido huir de su país y refugiarse en Jordania con sus familias para escapar de la violencia. Ahora hace ya varios años que viven fuera de su hogar con la esperanza de poder regresar algún día. Encuentro con estos niños y niñas víctimas del conflicto en Siria.
Salam y Yana, 10 y 18 años
«Me gustaría no haber nacido», ha lanzado Salam*, 10 años, a sus padres. El pequeño sirio ha visto caer bombas a un centenar de metros de su casa. Al llegar a Jordania en 2012, apenas consigue expresarse con las personas que no conoce. Desea «llegar a ser profesor de árabe» y está «muy contento» por participar en las actividades organizadas por Terre des homes – Lausanne (Tdh – Ayuda a la infancia) y apoyadas por Chaîne du Bonheur y UNICEF: sobre todo le gusta la pintura y el juego de las sillas musicales.
Su hermana, Yana°, tiene 18 años. Ella está «triste» por estar en Jordania, y no poder seguir con sus estudios literarios, pues son demasiado caros. «Interesada en ayudar a la comunidad », ella se ha apuntado como voluntaria junto a Tdh para animar las sesiones consagradas a los problemas de las jóvenes: juntas, discuten de su situación, de sus necesidades de sus preocupaciones y abordan temas como el fumar o el matrimonio precoz por ejemplo.
¿El matrimonio precoz? Una práctica nefasta según Yana: «El cuerpo de una niña de 14 años no está preparado para un embarazo. ¿Cómo puede ocuparse de un niño o niña, cuando ella misma es una niña?». La madre de Yana dice que está en contra del matrimonio precoz. Ella misma, se casó a los 17 años, «por tradición». Ella está encantada de que su hija viva todavía con toda la familia.
Abd-Al Malek, Mohammad y Mariam, 4, 9 y 12 años
Mariam tiene 12 años. Ella vive a algunos kilómetros de Yana, con su numerosa familia  (nueve miembros). Por ahora no se siente atraida por el matrimonio. Ella desea llegar a ser artista. Los talleres de pintura con Tdh le han hecho amar este arte. A través de las sesiones ha aprendido cuáles son sus derechos y a defenderlos. Ella ha llegado a ser «más fuerte», según su mamá que cree que está afirmación de uno mismo es importante .
Su hermano, Mohammad, 9 años, aprecia también la pintura. Ambiciona llegar a ser profesor de matemáticas. Hecha mucho de menos a su tío y a su granja llena de animales, en Siria.
Nacido al comienzo del conflicto sirio, su hermano pequeño  Abd-Al Malek, 4 años, no se acuerda de su país. Se ha adaptado muy rápido a la vida en Jordania, cuenta su mamá. Su única pena, es no poder participar todavía en las actividades de Tdh . «Por favor, esperadme para el bus!», les pide a su hermano y a su hermana cuando se van en dirección a Irbid para tomar parte en las sesiones de Tdh. Tranquilizaos, su voz se oirá en algunas semanas.
*Nombre y foto de ficción.
Fuente original: http://bit.ly/1GhXuGG