martes, 12 de mayo de 2015

Gaza, trayectoria de choque

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Joseph Aguettant es el jefe de la delegación de la organización ayuda a la infancia suiza Terre des hommes – Lausanne (Tdh – Ayuda a la infancia) en los territorios palestinos. Nos cuenta su experiencia sobre la situación en la que viven diariamente miles de niños y niñas y sus familias víctimas del conflicto. Sobre el terreno, los daños por el conflicto son enormes: miles de habitaciones destruidas y dañadas. Cerca de 100.000 desplazados. Pero esta crisis parece que está cayendo en el olvido de la comunidad internacional que no ha tenido en cuenta sus promesas de ayuda a la reconstrucción.
El agujero producido por un obús que ha atravesado la pared de las letrinas no puede más que atraer la atención. Ofrece una vista inexpugnable sobre lo que se extiende detrás de la escuela. Nosotros somos una escuela pública al este de Gaza, a dos pasos de la zona de acceso restringido, donde toda persona que se aventura por allí, está expuesta a recibir un tiro. La zona, a veces es llamada la línea verde, un vocablo poco fiel a la realidad que está equivocada. La línea de demarcación es de un gris penitenciario. Es el muro de separación, del tamaño de un inmueble de cuatro pisos. Separa Israel de los habitantes de Gaza, pero divide también a los palestinos entre ellos, haciendo la comunicación entre Cisjordania y Gaza imposible. 

Lo que choca no es la destrucción de la escuela en sí misma. De este barrio, Shuja’iyya, no quedan más que ruinas. A principios de agosto de 2014, viví cuatro días de bombardeos entre dos alto el fuego; nuestros colegas palestinos vivieron 51 largos días. El mundo entero sabe que cientos de escuelas han sido bombardeadas en Gaza. Según las Naciones Unidas: 8 completamente destruidas y 250 dañadas. Lo que sorprende, es que seis meses después de la conferencia del Cairo, “para la reconstrucción de Gaza” el agujero siga todavía allí. Nos recuerda un agujero más grande, el de nuestras conciencias. El mundo parece olvidar a estas víctimas más rápidamente que a otras.

Sin embargo, las cifras están ahí: más de 19.000 habitaciones están destruidas o son inhabitables, cerca de 30.000 dañadas. Se cuenta con 100.000 personas todavía desplazadas, de las cuales 1.700 familias están alojadas en centros colectivos. Otras 14.000 familias están todavía alojadas en albergues provisionales y en situación de gran precariedad.

En Cairo, la comunidad internacional había prometido invertir 3,5 mil millones de dólares en la reconstrucción si se conseguía un alto el fuego permanente y entablar negociaciones sobre las responsabilidades de las partes en vista de las violaciones del derecho internacional. Actualmente, solo un cuarto de los fondos destinados a la reconstrucción ha sido desbloqueado. Y la franja de Gaza sigue bloqueada. Consciente de las posturas políticas para la reconstrucción, una plataforma de 46 ONG entre ellas Tdh, acaban de publicar un informe exactamente seis meses después de la Conferencia del Cairo. Este emite una constante y abrumadora cantidad de recomendaciones concretas para acelerar, a veces empezar la reconstrucción y exige sobre todo que las promesas del Cairo se hagan realidad. Leed el informe aquí.

Los civiles, sobre todo los más débiles de entre ellos, continúan pagando el precio de la política de espera de la comunidad internacional. A pesar del alto el fuego temporal, la violencia continúa. Aunque no se ha hecho nada para cambiar la trayectoria de choque en el que están comprometidas las fuerzas presentes, no es ya un enfrentamiento de una decena de días sino que se perfila como una conflagración mayor. Este choque no implicaría solo a Gaza e Israel sino a Palestina en su conjunto, a las sub-regiones y a los países donantes.

Al final, se puede deplorar que ni una sola de las promesas de la Conferencia del Cairo haya sido tenida en cuenta, expresada por su presidente durante el discurso de clausura: “Gaza no puede volver al mismo estado que antes de la guerra”. Algunos palestinos de Gaza no están en la misma situación que antes de la guerra. Están mucho peor.
Fuente original www.tdh.ch: http://bit.ly/1FeUwqC