viernes, 6 de marzo de 2015

Antoine Lissorgues: "La voluntad de Tierra de hombres es empoderar a las comunidades y a las instituciones para que ellas continúen el trabajo que nosotros iniciamos"


Hace unas semanas recibimos la visita de Antoine Lissorgues, Responsable de Programas de América Latina y Caribe de la Fundación y aprovechó para contarnos un montón de cosas. Aquí tenéis un adelanto de la entrevista, que se publicará integra en el próximo número de la revista TDH.
Hasta final de junio de 2014, era jefe de la delegación de Colombia para la Fundación Tierra de hombres y actualmente ocupa el cargo de responsable de Programas de América Latina y Caribe. 
- Ha reconocido en varias ocasiones que lo que más le gusta es el “trabajo de terreno”, ¿Con esta nueva posición tiene las mismas oportunidades de ejercerlo?
Es un trabajo muy distinto. Mi puesto actual  me permite viajar a terreno aunque sea cada dos meses, con misiones mucho más cortas y de seguimiento, pero sin entrar de lleno en los proyectos. Ahora tengo un panorama muy amplio de todos los proyectos de América Latina y capacidad para tomar decisiones sobre siete países. Antes, el trabajo de delegado me permitía estar todos los días en terreno, aunque no siempre en contacto con los beneficiarios.
- En el actual plan estratégico de Terres des hommes para América latina, ¿cuáles van a ser las grandes áreas temáticas que vais a desarrollar en los proyectos?
La primera tarea que tenemos es consolidar la Justicia Juvenil Restaurativa, que sigue siendo un pilar en nuestro plan estratégico, llegando a trabajarlo en los siete países en los que estamos presentes, ya que actualmente nos falta Haití. Por otro lado, queremos desarrollar un segundo tema, que es la inmigración. Se trata de un problema actual y real en América Latina, sobretodo en Centroamérica.
- A finales del pasado año, se estableció la delegación regional de Centroamérica en Panamá. ¿Qué retos tenéis por delante y qué proyectos vais a desarrollar?  
Queda todo por hacer.  Sólo han pasado seis meses desde que esta delegación se puso en marcha pero apunta a cubrir toda la zona de América Central.  Estamos hablando de países con las tasas de homicidios más altas del mundo. Por lo tanto, la idea es que trabajemos sobre todo a nivel de incidencia pública  para mejorar los sistemas de justicia juvenil, para mejorar la capacidad de los funcionarios públicos y fortalecer las instituciones del Estado que trabajan en el sistema de justicia.
- El pasado mes de enero  se celebró el Congreso Mundial de Justicia Juvenil en Ginebra. ¿Considera que en América Latina  se  encuentran carencias significativas en esta materia respecto a otras zonas del mundo, o por el contrario otros países deberían aprender de las prácticas de, por ejemplo, Perú o Nicaragua?  
Soy un optimista crónico, así que pienso que falta mucho por hacer, pero es verdad que se ha avanzado mucho. Si estábamos en 0, hoy estamos en 10 y mañana estaremos en 20. Siempre se puede mejorar, pero América Latina tiene experiencias en Justicia Juvenil Restaurativa, que realmente podrían envidiar muchos países incluso de Europa. Pienso en el trabajo que se ha hecho en Perú de mediación entre víctimas e infractores o los trabajos de prevención que se hacen en Brasil. Retos hay muchos porque Centroamérica sigue siendo la región más violenta del mundo con una tasa de homicidios de 90 víctimas por cada 100.000 habitantes, pero hay una legislación que está cambiando, ya que en algunos países se ha elevado la edad de responsabilidad penal. En El Salvador por ejemplo, se optaba por una política de mano dura; invertían más en cárceles y en policía, pero hoy día lo reconocen como un fracaso y  están invirtiendo más en el área social.
- La lucha contra la explotación sexual infantil sigue siendo un problema en Colombia, sobre todo en el distrito de Cartagena de Indias. Sin embargo, Tierra de hombres finaliza pronto su trabajo en esta ciudad. ¿Cuál es el mayor logro de la Organización en el proyecto?  ¿De qué manera se va a seguir protegiendo a las víctimas?
La voluntad de Tierra de hombres no es abrir proyectos para toda la vida, si no que la idea siempre es empoderar a la comunidad -en este caso mediante grupos de mujeres - y a las instituciones estatales para que ellas continúen el trabajo. Lo que venimos haciendo siendo representantes de las víctimas  a nivel jurídico, es una tarea que debe cumplir el Estado. El fin último es que las instituciones a cargo de este tema puedan hacer frente a esta problemática, y a nivel de comunidad  que la gente sea consciente de que la explotación sexual de sus propios hijos e hijas no es una forma de ganar dinero, sino una violanción de derechos y un delito que te puede costar entre 15 y 20 años de cárcel.
- En Córdoba desarrollan el proyecto de protección a niños y niñas víctimas del conflicto armado desde hace varios años. ¿Cómo ha cambiado la situación de estos jóvenes y sus familias desde que Tierra de hombres está presente?
El mayor cambio ha sido la visibilización. En Colombia hay un problema estructural desde hace décadas y  una ONG no es  la que va a cambiar la realidad de miles de personas; se necesita que el país mismo cambie sus estructuras y se logre una paz duradera dónde los grupos armados decidan cesar el conflicto. En Córdoba, cuna del paramilitarismo, se han cometido muchos secuestros, sobre todo de niños y mujeres. Nosotros lo que podemos, y creo que lo hemos hecho, es visibilizar las graves violaciones contra los derechos del niño  que están ocurriendo en este departamento, en concreto. Ser la voz de miles de personas que muchas veces no pueden hablar por presión de grupos armados.
- En su opinión, ¿la legislación internacional en materia de Derechos Humanos es efectiva?
La legislación en general siempre es criticable y mejorable.  Ahora bien, nos ha permitido tener unos estándares mínimos para evitar violaciones contra los derechos del niño. La Convención sobre los Derechos del Niño marcó un hito y ha permitido mejorar las legislaciones de los países. Actualmente son dos los que no la han firmado: Estados Unidos y Somalia. Así, vemos que todavía hay problemas, como  cadena perpetua  para algunos niños en EEUU. Pero, en general, la situación ha mejorado mucho. Hemos visto cómo en algunos países de América Latina como Perú, se ha elevado la edad de responsabilidad penal hasta los 14 años, cuando la tendencia era a bajarla. Por tanto, documentos como la Convención sobre los Derechos del Niño o el Panel Internacional de Justicia Universal son sumamente importantes, pero la verdadera cuestión es cómo se aplican. No porque un país ratifique un documento está cambiando la realidad de miles de niños y niñas. Lo fundamental es que cada persona que trabaja con la infancia lo aplique en el día a día.