lunes, 10 de noviembre de 2014

Un año después del paso del ciclón Phailin, la situación es frágil para muchas personas


Balanasi es un  lugar devorado por la arena –en las calles, sobre los árboles, en el interior de las casas. Testimonio de la proximidad de la aldea con el agua: Balanasi se sitúa sobre una fina franja de tierra  sobre la laguna de Chilika, el mayor lago de Asia del sur. La casi totalidad de los 15 habitantes sobreviven gracias a la pesca. En octubre de 2013, el ciclón Phailin se  abatió sobre Balanasi  y cayeron trombas de agua sobre el pueblo durante varias horas. Dejó detrás de él casas dañadas y más de la mitad de los barcos destruidos. Algunos vestigios en las orillas del pueblo dan testimonio todavía actualmente de lo que los aldeanos perdieron ese día.
Muy rápidamente,  Terre des hommes-Lausanne (Tdh – Ayuda a la infancia) intervino con la ayuda de su colaborador Gram Utthan. Fueron distribuidos kits de abrigo y de higiene e incluso lámparas solares. El Gobierno indio también ha aportado una indemnización que podía elevarse hasta las 7.000 rupias (o sea 115 CHF) por barco destruido. Sin embargo, una embarcación nueva cuesta cerca de 14.000 rupias y numerosas familias, ya muy pobres antes de la llegada del ciclón, no tienen medios para una nueva inversión. Además, las tierras agrícolas han sido infiltradas por la sal, impidiendo ser de nuevo cultivados. Algunos aldeanos han empezado a buscar trabajo lejos de su casa. Pero hay pocos sitios disponibles en una región grandemente siniestrada.
Tdh ha regresado a Balanasi para llevar una ayuda suplementaria gracias a un proyecto financiado por el departamento de ayuda humanitaria de la Comisión Europea. En primer lugar, la carretera que lleva al pueblo, parcialmente destruida por el ciclón, ha sido reconstruida. Paralelamente, un proyecto de “trabajo por remuneración” ha permitido a las familias ganar un ingreso ayudando a la organización a llevar a cabo varios proyectos de rehabilitación. Los aldeanos han podido construir un dique de 4,5 metros de altura para proteger al pueblo de futuras tempestades. Arboles jóvenes han sido plantados para impedir la erosión de la tierra. Además, Tdh ha distribuido redes a los que querían volver a pescar. Para terminar, en vista de la situación, fueron distribuidos 10 barcos de pesca a 20 familias, 2 familias utilizan el mismo barco en función de su relación o estatus social.
Sin embargo, la situación es frágil. Numerosos aldeanos no tienen medios  para comprar un barco nuevo y no pueden volver a su oficio. Jemamani, una mujer de sonrisa tímida a cargo de una familia de 7 personas, ha puesto en común sus recursos con otras tres personas de un pueblo vecino y así ha podido volver al mar. El día a día es problemático: “Ayer solo atrapamos un pez. Hemos tenido que repartirlo entre 4 familias. La víspera solo habíamos comido un poco de arroz” .
Tdh trabaja con el Gobierno indio para aportar una ayuda a más largo plazo, pero las soluciones no están todavía a la vista. Los miembros del pueblo de Balansi pertenecen a una baja casta que no es percibida como una prioridad y lo tienen mal para defender sus derechos.
Sin embargo, la vida continúa, más o menos, y los aldeanos esperan un mañana mejor.