viernes, 1 de agosto de 2014

Aïssata*: “Con la ayuda de Tierra de hombres, he llegado a ser cocinera”


«Lo que más me ha marcado en mi estatus de niña empleada doméstica, es cuando mi patrona me servía la comida en pequeñas cantidades. También detestaba los insultos y los golpes de los patrones”. Esta niña de Burkina Faso, Aïssata*, ahora ha salido de la domesticidad. Inscrita por Terre des hommes-Lausanne (Tdh – Ayuda a la infancia) en unos cursos de restauración, ahora es cocinera. Paralelamente, ella ayuda a otras jovencitas a salir de la explotación.
«Tener la fuerza de luchar en la vida»
A través de su propietario Aïssata conoció la existencia de “Punto de esperanza”», espacio protector gestionado por Tdh que apoya a las jovencitas empleadas como domésticas. No queriendo trabajas más como doméstica en familias y en bares, ella visita regularmente el “Punto de esperanza”. Lugar de encuentro para las jóvenes domésticas, pueden expresarse libremente y obtener consejos de profesionales y animadores
Después de beneficiarse de un curso de restauración y puesto fin a su explotación, Aïssata ha querido ayudar a otras jóvenes domésticas. Con antiguas domésticas como Germaine* y Monique*, Aïssata ha llegado a ser “Gran hermana”. En el “Punto de esperanza”, ellas encuentran y aconsejan a las jóvenes domésticas en materia de salud, de derecho laboral y de perspectivas de futuro.
 «Puedo decirles que participen en las animaciones en los puntos de esperanza para escuchar los consejos, tener el valor y la fuerza para luchar en la vida pues no se nace bien, se llega a serlo», comenta Aïssata. Este lugar es «un rincón de diversión, de sensibilización y de consejos», indica Germaine.«Juntos nos realizamos, nos reímos y jugamos», añade Monique.
«La formación es el secreto del éxito»
Monique aconseja a las jovencitas domésticas formarse, la formación es “el secreto del éxito”. Monique, Germaine y Aïssata han llegado a ser cocineras siguiendo un curso organizado por Tdh. Para estas tres antiguas domésticas, la formación es el punto central que les ha permitido salir de la domesticidad. «Como gran hermana, puedo aconsejar a mis hermanitas que vienen del pueblo, puedo ayudarlas a encontrar un trabajo a la altura de sus capacidades, un trabajo decente», subraya  Aïssata.
Aïssata, Monique y Germaine son voluntarias. Las tres aspiran al mismo sueño, el de abrir algún día su propio restaurante. Juntas, son un hermoso ejemplo de esperanza para todos los niños y niñas –hay cerca de 17 millones en el mundo empleadas como domésticas .
En diez años, 100 millones de niños y niñas han podido ser sacados de la explotación. Conozca mejor la lucha de Tdh contra la explotación de la infancia por el trabajo.
*Nombres de ficción
Fuente: Tdh Lausanne