martes, 3 de junio de 2014

Cuando el trabajo es sinónimo de explotación

El trabajo infantil es un fenómeno extremadamente generalizado en el mundo, pues concierne a cerca de 168 millones de menores de los cuales numerosos de ellos son explotados. Estos jóvenes se encuentran en el campo, las fábricas, los hogares, en el fondo de las minas e incluso en el seno de las redes de prostitución. La lucha contra la explotación está en el corazón del programa de protección de Terre des hommes-Lausanne (Tdh – Ayuda a la infancia) que ofrece cada año una ayuda a más de 200.000 niños y niñas víctimas de este azote.
¿Qué es el «trabajo infantil?
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el «trabajo infantil » reagrupa las actividades económicas efectuadas por menores que no tienen la edad mínima requerida o que están consideradas como las “peores formas de trabajo”. Una persona menor que solo trabaja algunas horas a la semana en trabajos ligeros autorizados o que tiene la edad legal requerida no entra en esta categoría.
La noción de «peor forma de trabajo» es un  subconjunto del “trabajo infantil”. Se encuadran en esta categoría las actividades peligrosas para la salud física, mental o el desarrollo moral del menor. Una carga de trabajo excesiva (en términos de horas o de intensidad) es también considerada como “peor forma de trabajo”. Serían 85 millones de menores trabajando en estas condiciones.
¿Dónde trabajan estas personas?
Es el sector agrícola el que emplea el mayor número de niños y niñas, principalmente en pequeñas explotaciones agrícolas gestionadas por la familia. La mayor parte del tiempo, no están remunerados y asumen tareas que pueden ser agotadoras y particularmente peligrosas.
El sector del servicio también utiliza un gran número de menores, sobre todo como empleadas domésticas. En los hogares, las menores a menudo muy jóvenes efectúan toda clase de tareas del hogar penosas, durante muchas horas y en contacto a veces con productos peligrosos. Los abusos físicos, morales o incluso sexuales no son raros y las víctimas frecuentemente están aisladas y sin escolarizar. Habrá alrededor de 18 millones de personas empleadas domésticas menores, de las cuales dos terceras partes son niñas, a menudo menores de 10 años.
Aunque menos afectado por el fenómeno, el sector de la industria explota a un número  no insignificante de menores. Sobre todo es el caso de las minas de oro y de las canteras de piedra donde numerosas pequeñas manos, efectúan trabajo extremadamente peligrosos, en galerías minúsculas bajo un calor sofocante, en contacto con sustancias toxicas. Varios países de América del Sur como Perú, y de África como Burkina Faso están relacionados con esta peor forma de trabajo.
La explotación sexual con fines comerciales
La explotación sexual constituye una de las peores formas de utilización de la infancia con fines económicos. Se trata de una grave violación de los derechos de la infancia, asimilable a la esclavitud. Comprende la utilización de las personas menores en actividades sexuales (remuneradas o no), la trata con fines comerciales, la producción, promoción y distribución de pornografía y utilización de menores en espectáculos eróticos.
La lucha contra la explotación sexual  forma parte de un proyecto mayor del programa de protección de Tdh. Activo en Colombia, en la ciudad de Cartagena, Tdh contribuye a poner en marcha una justicia rápida y eficaz para disminuir la impunidad de los crímenes sexuales en menores. También se han puesto en marcha ciclos de formación para los actores del sistema judicial, niños y niñas y agentes comunitarios.  
Los niños y niñas migrantes
El fenómeno de la migración es una cuestión central en la lucha contra la explotación infantil. La migración puede ser una experiencia positiva, que permite a los menores mejorar sus condiciones de vida y dirigirse hacia un futuro más radiante. Desgraciadamente, una persona menor migrante es particularmente vulnerable, sobre todo cuando viaja solo, sin identidad y sin protección. Entonces se expone al tráfico, a los abusos (violencia, abusos sexuales, aislamiento) se ve a menudo privado del acceso a los servicios básicos (salud, educación) y el salario que cobra es a menudo muy bajo a veces inexistente. Vive con miedo de ser denunciado a las autoridades lo que acrecienta su impotencia frente a los abusos que sufre.
Tierra de hombres integra la cuestión de la migración en el centro de sus proyectos de lucha contra la explotación. Por ejemplo, es el caso del proyecto transfronterizo en África del Oeste (Guinea, Mali, Burkina Faso, Togo, Bénin, Nigeria) que intenta asistir y proteger a cerca de 15.000 menores a lo largo de todo su recorrido migratorio, desde el lugar de partida hasta el lugar de trabajo.
El trabajo infantil no es una fatalidad
Tdh lucha contra la explotación laboral infantil desde hace más de 50 años. Nuestra Fundación lleva a cabo acciones concretas para proteger y apoyar a las personas menores víctimas de este azote en más de 14 países y a través de una veintena de proyectos.
Basándose en su experiencia sobre el terreno, Tdh ha desarrollado una aproximación pragmática. A veces se trabaja con medidas que, demasiado a menudo, se basan solo en prohibir pura y simplemente el trabajo infantil, sin tener en cuenta la situación individual, las causas subyacentes a este fenómeno y sobre todo sin proponer soluciones para ayudar a la familia a encontrar ingresos alternativos. Tdh ha escogido intervenir basándose en la evaluación de las condiciones efectivas de trabajo infantil y en su interés superior.
Si el trabajo efectuado por el menor es dañino para su integridad física, psíquica o moral, Tdh le ayuda a abandonar este trabajo y busca con él una solución alternativa que trate de escolarización o formación profesional.
Si el trabajo efectuado viola uno o varios derechos fundamentales del menor pero que puede frenarse, entonces la prioridad es poner fin a esta violación. Nuestra Fundación intenta mejorar las condiciones de vida del menor en situación de trabajo, buscando soluciones con él, el empleador y los servicios del Estado. En efecto, el menor debe poder disfrutar de condiciones de trabajo aceptables, de un salario decente y tener acceso a la salud, a la educación y al ocio.
Mientras que la actividad económica no dañe al menor,  y pueda ser beneficiosa para su desarrollo o que esté incluida en una formación profesional, sin incumplir sus derechos, entonces el menor debe ser apoyado para que pueda llevar a cabo esta actividad en las mejores condiciones.
Tdh también trabaja poniendo en marcha medidas de prevención. Además de sensibilizar a la población sobre los peligros a los que se les expone a los menores con el trabajo, ayudamos a los menores que quieren trabajar a buscar soluciones alternativas o a retrasar su entrada en el mundo laboral, a fin de minimizar el riesgo de explotación.
Para terminar, Tdh apoya al Estado para reforzar las políticas de lucha contra la explotación. Se trata sobre todo de mejorar las leyes y su implementación y de conseguir servicios básicos (educación, servicios sociales, servicios sanitarios, infraestructuras de albergues, centros de ocio) más eficaces. Esto pasa por un importante trabajo de promoción junto a los Estados.
Fuente: Tdh Lausanne