viernes, 9 de mayo de 2014

Burundi - Cursos de alfabetización en prisión


Para los menores encarcelados en la prisión central de Mpimba en Bujumbura (Burundi), el 14 de marzo de 2014 no fue un día como los demás. Durante 4 meses, más de 50 menores siguieron un curso de alfabetización organizado por Terre des hommes-Lausanne (Tdh – Ayuda a la infancia), en colaboración con el Centro Jeunes Kamenge y con el apoyo de la Unión Europea. La mitad de ellos, estadísticamente prometedores en vista de las condiciones iniciales, han aprobado brillantemente su examen final y han recibido en ese día sus certificados.
Mylène, encargada de las actividades psicosociales de Tdh en Burundi cuenta su jornada con los jóvenes detenidos:
 « Cuando hemos entrado en la prisión estaban todos bien vestidos con los nuevos uniformes escolares. Se podía fácilmente sentir su nerviosismo. Corrían por todas partes. Sus caras dejaban transparentar la agitación. A medida que les llamabas, acudían, no cesaban de mirar al público, como si buscasen a alguien. A veces, se veía la cara de un menor iluminarse bruscamente, una amplia sonrisa en los labios, o al contrario bajar los ojos, un poco decepcionados. Este día Tierra de hombres había invitado a los padres y madres de todos los menores encarcelados que habían seguido la formación, con el fin de asistir a la entrega de los certificados. Cuando estos familiares, a su llegada, se cruzaban con la mirada de un hijo, una hija, un hermano o una hermana, era un primer momento impresionante. Para algunos, hacía más de tres años que no se veían. Es difícil describir esta sucesión de emociones. En algunos segundos pasa sobre un mismo rostro la alegría, la incredulidad, vacilación.

   Yo guardo en la memoria la imagen de los menores sacudiendo la mano del representante del Director de la prisión en el momento de recibir sus certificados, las miradas orgullosas vueltas hacia el banco de los padres y madres. Para muchos, era la primera vez que eran felicitados. Una madre, con lágrimas en los ojos, ha tomado la palabra para decir lo feliz que era al encontrar un hijo sonriente, tocando el tambor y pudiéndole escribir una carta. Era más de lo que ella esperaba en “este tipo de ambiente”.

     Para Jean de Dieu que salía de la prisión ese mismo día, fue la ocasión para agradecer a los demás menores por la calidad del tiempo que había pasado aprendiendo con ellos sobre la vida. También recordó a sus padres, cuánto les echaba en falta y la necesidad de verlos más a menudo. Al final de esta bella jornada para los menores, los familiares participaron de un ambiente festivo. Se oían las voces que llegaban a hacer el ambiente más ensordecedor a medida que se aproximaban a la salida. Luego cada menor ha regresado a la prisión en un silencio meditabundo, orgullosos de sus certificados y contentos  de haber encontrado a los suyos durante un día”.
Fuente: Tdh Lausanne