miércoles, 11 de diciembre de 2013

Lampedusa: ¿infancias rotas o esperanzas encontradas?


Llegan a centenares, hacinados en barcos de pesca. Estos emigrantes, principalmente familias, niñas y niños con el rostro agotado y la tez lívida, vienen de lejos. Han abandonado su país de origen para huir de la miseria, la guerra e incluso de las persecuciones. Dos meses después del terrible naufragio en el mar Mediterráneo, que costó la vida a 366 personas de las cuales unas 20 eran niñas y niños, ¿qué ha pasado con los rescatados de Lampedusa? Tierra de hombres (Tdh – Ayuda a la infancia) Italia  nos cuenta la triste historia de los niños y niñas que demasiado pronto han conocido la violencia, el miedo a morir, la separación, la humillación y la deshumanización. 
Teniendo en cuenta la dificultad del viaje, tanto en el plano físico como en el emocional, es difícil de entender, para nosotros los occidentales, a quienes se atreven a emprenderlo. Claro que las motivaciones para unirse a Europa son múltiples: encontrar trabajo, beneficiarse de mejores condiciones de vida, ir a estudiar, ganar dinero para ayudar a la familia que se queda en el país. Pero el precio a pagar es singularmente elevado. El camino de la emigración es extremadamente peligroso, hasta incluso el riesgo de encontrar la muerte.
Un costoso viaje
Entre los refugiados acogidos en los centros de primeros auxilios, hay numerosas familias, niñas y niños no acompañados. La psicóloga de Terre des hommes (Tdh) Italia, en el marco del proyecto Faro, ha acudido al encuentro de estos rescatados del infierno. “Están agotados y no encuentran palabras para contar lo que les ha pasado”, nos relata ella. En efecto, vienen de lejos y le cuentan que tienen frío en la espalda. Antes de desembarcar en la isla de Lampedusa, las familias y los menores no acompañados han pagado a los contrabandistas. Han atravesado todo el desierto del Sahara. Muchos de ellos han estado en prisión, retenidos y torturados hasta que sus familias han pagado un rescate para liberarlos. Otros han debido trabajar más para recaudar dinero e intentar realizar la travesía más peligrosa de su vida.
Las mujeres son a menudo víctimas de violencia física y sexual. A esto se le añade la culpabilidad de poner en peligro a sus hijos e hijas y hacerles padecer las malas condiciones del viaje. Muchos de ellos caen enfermos, sufren desnutrición y están muy ansiosos. El viaje, traumático para estos niños y niñas, engendra problemas de sueño, pesadillas e incluso comportamiento agresivo. La psicóloga de Tdh Italia apoya y tranquiliza a las madres ayudándolas a identificar estos síntomas post-traumáticos, a comprenderlas y a curarlas.
El camino de la resiliencia
En el centro de primeros auxilios, el staff de Tdh Italia organiza actividades de apoyo psicológico y psicosocial con los niños, niñas y los menores no acompañados. A través de juegos, a los jóvenes se les anima a expresar sus sentimientos, sus miedos, sus rabias. Se consigue mediante el dibujo, la lectura e incluso construyendo historias. Poner palabras a las imágenes y las imágenes a sus dolores de cabeza permite simbolizar el trauma vivido y comenzar la resiliencia.
Los más mayores, de 12 a 17 años, no habían imaginado un viaje tan violento y repleto de sufrimientos. Venidos a Europa con el objetivo de estudiar o trabajar, han vivido lo peor. Al llegar al centro de primeros auxilios en Lampedusa, comprueban la dificultad de cumplir los aspectos legales de acogida del sistema italiano. El ser menor no tiene el mismo significado en Europa que en su país de origen. La noción de protección puede ser mal comprendida, y se sienten de nuevo oprimidos. Tdh Italia se adapta a cada uno de ellos y trabaja en la reconstrucción interior de estos jóvenes a través de actividades psicosociales. Juntos analizan lo ocurrido, la situación actual y los proyectos de vida futuros. Los jóvenes también tienen la posibilidad de discutir el sistema escolar y acordar la compra de material escolar.
Estos dos últimos meses, cientos de emigrantes y refugiados, entre ellos sirios y palestinos, han sido socorridos en el mar Mediterráneo. A principios de este mes, el Alto Comisionado para los Refugiados ha expresado su inquietud por el flujo de emigrantes y de travesías marítimas a bordo de barcos de contrabando en busca de una vida mejor. “La muerte de estos emigrantes en el Caribe, en el Mediterráneo, en el Océano Indico y en el Mar Rojo, así como en los desiertos de México y del Sahara, es una señal de alarma para la comunidad internacional. Debemos tomar medidas de urgencia para que este tipo de tragedias pertenezcan al pasado”, ha declarado William Lacy Swing, Director general de la OIM.