jueves, 12 de diciembre de 2013

Al ritmo de los tambores de Burundi


Durante tres meses la delegación de Tierra de hombres (Tdh – Ayuda a la infancia) en Burundi acoge a una joven voluntaria, Aurelia Heiniger, para que asista al equipo en sus actividades. Ella nos cuenta un encuentro que le ha afectado particularmente con Antime, venerable tamborilero, en una prisión para menores donde nuestra Fundación lleva a cabo un proyecto de justicia juvenil.
«Como una llamada, los tambores resuenan en la prisión de Mpimba. Los ritmos triunfantes atraen al terreno a una masa de prisioneros. Un apretado círculo se forma alrededor de un joven grupo de tamborileros constituido únicamente por menores en conflicto con la ley. ¿Jóvenes? hay uno entre ellos, que ha visto transcurrir muchas primaveras y que golpea el tambor desde hace 73 años. Antime Baranshakaje está con nosotros,  con su ropa de corteza de ficus, con sus perlas, su cara marcada por el tiempo. El guardia del histórico Gishora explica orgullosamente la historia del tambor burundés a los presos. El instrumento legendario cautiva al auditorio. Antime comparte su saber, transmite la tradición: el “ingoma” se toca con los pies desnudos, únicamente por un solo hombre y debe quedar al servicio del país. La extensión de este emblema sagrado parece inquietar al viejo tamborilero. El insiste: el tambor vive para la nación, y no para uno o dos individuos”.
Tdh interviene junto a los menores en conflicto con la ley en la prisión central de Mpimba, en Bujunbura, desde 2009. En este marco, se han puesto en marcha actividades psicosociales. Mezclando diversión y aprendizaje, permiten a los jóvenes mejorar su competencia de vida. Este encuentro, organizado por la Célula Nacional de Protección judicial a la infancia, del Ministerio de Justicia, con el apoyo de Tierra de hombres y de la Unión Europea, recuerda una cosa: el tambor de Burundi lleva un aura indiscutible. Un aura que es preciso saber utilizar junto a la juventud de este país, empezando por las prisiones. Observando a estos menores tocar, se siente al momento los beneficios del instrumento sobre ellos, sobre el grupo y sobre los espectadores. “Se olvida que se está en prisión cuando se toca el tambor”, se escucha decir a la multitud.
¿Cómo utilizar este emblema sagrado con los jóvenes preservando el respeto que se debe al instrumento? Antime explica que el aprendizaje del tambor no causa ningún perjuicio a su aspecto tradicional, lo que explica su presencia en Mpimba. Son las representaciones oficiales de los tamborileros las que deben ser reconsideradas y justificadas únicamente por la nación.
Dar a los jóvenes la ocasión de tocar este legendario instrumento los valoriza enormemente. Es un honor golpear sobre esta piel tirante, es un privilegio tener cada palillo en las manos. Sólidos lazos y una gran importancia se forman entre los menores en conflicto con la ley y esto gracias al instrumento y a la unidad que exige. El impacto es reseñable. Toma de confianza, respeto y amor a la nación, armonía en el grupo. El niño refuerza sus competencias. No es ya  un preso, es un hombre libre que prepara su próxima reintegración en la sociedad.
Los tambores redoblan de nuevo. Este primer día con Antime llega a su fin. El capitán de los menores, con la supervisión de su mayor, toma el control de los tamborileros y comienza un nuevo redoble acompañado de gritos de guerra. Son hermosos, estos jóvenes presos, y sobre todo, son magníficos estos orgullosos burundeses.