miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuando el trabajo es sinónimo de explotación

El trabajo de los niños y niñas es un fenómeno extremadamente extendido en el mundo y afecta a cerca de 168 millones de menores, de los cuales muchos de ellos son explotados. Estos jóvenes se encuentran en los campos, las fábricas, los hogares, en el interior de las minas e incluso en el seno de las redes de prostitución. La lucha contra la explotación está en el centro del programa de protección de Tierra de hombres (Tdh- Ayuda a la infancia) que ofrece cada año ayuda a más de 200.000 niños y niñas víctimas de este azote.
¿Qué es el trabajo infantil?
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el “trabajo infantil” reagrupa las actividades económicas efectuadas por los menores que no tienen la edad mínima requerida o que son consideradas como “las peores formas de trabajo”. Un niño o niña que no trabaja más que algunas horas a la semana en trabajos ligeros autorizados o que tiene la edad legal requerida no entra en esta categoría.
La noción de “peor forma de trabajo” es un subconjunto de “trabajo infantil”. Aquí se incluyen las actividades peligrosas para la salud física, mental o para el desarrollo moral del niño y niña. Una carga de trabajo excesiva (en términos de horas o de intensidad) también se considera como “peor forma de trabajo”. Hay 85 millones de menores que trabajan en estas condiciones. 
¿Dónde trabajan? 
El mayor número de niños y niñas trabajan en el sector agrícola, principalmente en pequeñas explotaciones gestionadas por la familia. La mayoría de las veces no están remunerados y asumen tareas que pueden ser agotadoras y particularmente peligrosas.
El sector del servicio utiliza también un gran número de menores, sobre todo como empleadas domésticas. En el seno de los hogares, las niñas a menudo muy jóvenes efectúan cualquier clase de tareas del hogar penosas, durante muchas horas y en contacto con productos peligrosos. Los abusos físicos, morales e incluso sexuales no son raros y las víctimas frecuentemente están aisladas y no escolarizadas. Habrá cerca de 18 millones de niñas y niños empleadas domésticas, de las cuales dos terceras partes son chicas, a menudo menores de 10 años.
Aunque menos afectado por el fenómeno, el sector de la industria explota todavía un número considerable de niños y niñas. Como en el caso de las minas de oro y las canteras de piedra donde numerosas pequeñas manos efectúan trabajos extremadamente peligrosos en las minúsculas galerías, bajo un calor sofocante, al contacto con sustancias toxicas. Varios países de América del Sur, tal como Perú, y de África, como Burkina Faso, están vinculados a esta peor forma de trabajo. 
La explotación sexual con fines comerciales
La explotación sexual constituye una de las peores formas de utilización de las niñas con fines económicos. Se trata de una grave violación de los derechos de la infancia, asimilable a la esclavitud. Comprende la utilización de menores en actividades sexuales (remuneradas o no), la trata con fines comerciales, la producción, promoción y distribución de pornografía y la utilización de niñas en espectáculos eróticos.
La lucha contra la explotación sexual forma parte de uno de los principales componentes del programa de protección de Tdh. Activa en Colombia, en la ciudad de Cartagena, Tdh  contribuye a la puesta en marcha de una justicia rápida y eficaz para hacer retroceder la impunidad de los crímenes sexuales sobre las niñas. También se han puesto en marcha cursos de formación para los actores del sistema judicial, las niñas y los agentes comunitarios.
Los niños y niñas migrantes
El fenómeno de migración es una cuestión central en la lucha contra la explotación infantil. La migración puede ser una experiencia positiva, que permite a los niños y niñas mejorar sus condiciones de vida y dirigirse hacia un futuro más brillante. Desgraciadamente, un niño o niña migrante es particularmente vulnerable, sobre todo cuando viaja solo, sin identidad y sin protección. Entonces está expuesto al tráfico, a los abusos (violencia, abuso sexual, aislamiento), a menudo se ven privados al acceso a los servicios básicos (salud, educación) y el salario que reciben es muy bajo, a veces inexistente. Igualmente viven con el miedo de ser denunciados a las autoridades, lo que acrecienta su impotencia frente a los abusos que sufren.
Tierra de hombres integra la cuestión de la migración en sus proyectos de lucha contra la explotación. Es, por ejemplo, el caso del proyecto transfronterizo en África del Oeste (Guinea, Mali, Burkina Faso, Togo, Benin, Nigeria) que intenta asistir y proteger a cerca de 15.000 niños y niñas a lo largo de su recorrido migratorio, desde el lugar de partida hasta el lugar de trabajo.
El trabajo infantil no es una fatalidad
Tdh lucha contra la explotación laboral infantil desde hace más de 50 años. Nuestra Fundación lleva a cabo acciones concretas para proteger y apoyar a los niños y niñas víctimas de este azote en más de 15 países y a través de una veintena de proyectos.
Basándose en sus expertos sobre el terreno, Tdh ha desarrollado una aproximación pragmática. Se desmarca de las medidas que, demasiado a menudo, solo son la prohibición pura y simple del trabajo infantil, sin tener en cuenta la situación individual, las causas subyacentes a este fenómeno y sobre todo sin proponer soluciones para ayudar a la familia a encontrar ingresos alternativos. Tdh ha escogido intervenir basándose en la evaluación de las condiciones efectivas del trabajo infantil y en su interés superior.
Si el trabajo efectuado por el niño o niña es dañino para su integridad física, psíquica o moral, Tdh le ayuda a abandonar el trabajo y busca con él una solución alternativa, que pasa por la escolarización o por una formación profesional.
Si el trabajo efectuado por el niño o niña supone una violación de uno o varios derechos fundamentales pero que se puede frenar, entonces la prioridad es poner fin a esta violación. Nuestra Fundación intenta también mejorar las condiciones de vida del menor que trabaja, buscando soluciones con él, el empleador y los servicios estatales. En efecto el niño y niña debe poder disfrutar de condiciones de trabajo aceptables, de un salario decente y tener acceso a la salud, a la educación y al ocio.
Mientras que la actividad económica no dañe al menor, pueda ser beneficioso para su desarrollo, o esté dentro de una formación profesional, sin menoscabar sus derechos, el niño y niña debe ser apoyado para que pueda llevar a cabo esta actividad en las mejores condiciones.
Tdh trabaja también poniendo en marcha medidas de prevención. Además de sensibilizar a la población sobre los peligros a los que se expone un niño y niña al trabajar, ayudamos a los menores que desean trabajar a buscar soluciones alternativas o a retrasar su entrada al mundo laboral, a fin de minimizar el riesgo de explotación.
Para terminar, Tdh apoya al Estado para reforzar las políticas de lucha contra la explotación. Se trata sobre todo de mejorar las leyes y su implementación y hacer que los servicios básicos (educación, servicios sociales, servicios sanitarios, infraestructuras de alberges, centros de ocio) sean más eficaces. Esto pasa por un importante trabajo de información junto a los estados.