martes, 22 de octubre de 2013

El bienestar de un niño o de una niña vale más que el oro

En galerías minúsculas e inestables, expuestos a productos tóxicos, ellos arriesgan su vida todos los días por un poco de dinero y la esperanza de una existencia más dulce. Estos mineros, a veces menores de 10 años, trabajan en las minas artesanales de  Burkina Faso. De la extracción al lavado con mercurio pasando por la trituración, los niños son utilizados a lo largo de la cadena de explotación. En su programa de protección en Burkina Faso, Tierra de hombres (Tdh – Ayuda a la infancia) les ayuda a abandonar este universo de sufrimiento apoyando su escolarización y su formación profesional.
Suiza actualmente es la plataforma mundial del negocio del oro: más de dos terceras partes de la producción mundial pasa por Suiza para ser refinado. Metal  precioso por excelencia,  es del gusto de los amantes de las joyas y se encuentra en millones de aparatos electrónicos en todo el mundo. Un jugoso mercado que esconde una realidad muy sombría. 
El infierno de las minas artesanales
En efecto, la explotación del oro está sujeta a numerosas controversias. Las condiciones de trabajo son deplorables, una ausencia de seguridad y de métodos de explotación  contaminantes  que ponen en peligro la salud de los trabajadores y de las comunidades circundantes y se encuentran en muchos lugares alrededor del mundo. La utilización masiva de niños es también moneda corriente. Esta triste realidad se observa en las minas de extracción artesanal de Burkina.
La mayor parte de los niños que trabajan en las minas artesanales de la región de Zorgho, son originarios de los pueblos de alrededor pero no es raro que acudan de regiones más alejadas, de otros países como Togo, Benin o Ghana, acompañados o no por sus padres. Muy a menudo, no van más a la escuela o incluso no han ido nunca.
En general, estos niños se encuentran en las minas de oro por propia iniciativa. Pueden haber ido con su padre que se encuentra ya allí o haber respondido a la llamada del propietario de un “agujero”. Ellos trabajan muy a menudo para terceros que les pagan un sueldo según su buena voluntad.
Los niños se utilizan en toda la cadena de explotación
Estos son los muchachos –generalmente los de más edad- los que cavan en los túneles para extraer la roca, sin ninguna medida de seguridad. El trabajo es físicamente espantoso, muy peligroso y puede dejar secuelas físicas importantes. Los corrimientos de tierra no son raros y causan muchas muertes.
El pulido y la trituración de la roca, en superficie, son operaciones igualmente dañinas para los que la realizan. Desde muy jóvenes los niños y las niñas están a veces implicados en este trabajo que está por encima de sus fuerzas. El polvo, muy tóxico es omnipresente y puede causar graves enfermedades.
Las operaciones siguientes en la cadena de producción tampoco ofrecen mejores condiciones: para recuperar el metal precioso del interior de la mina, los mineros utilizan mercurio o cianuro, dos sustancias extremadamente tóxicas. Los niños frecuentemente están en contacto con las emanaciones de estos productos que no se recogen después de su uso y terminan en el  suelo o en las corrientes de agua generando una contaminación desastrosa para la salud de los habitantes de la región.
Los lugares mineros suelen ser sitios con un montón de actividades anexas tales como el transporte de agua o la restauración. Desgraciadamente entre ellas figura la prostitución. Las jovencitas son frecuentemente explotadas sexualmente en las zonas mineras.
Por un porvenir menos sombrío
Tdh actúa en las minas de oro de la región de Zorgho, así como en Essakane, Gorol y Gangaol al norte del país, para proteger a los niños y niñas y ayudarles a encontrar una alternativa a su labor diaria. El programa actúa sobre las diversas categorías de edad para encontrar la respuesta adecuada.
Tdh y sus colaboradores apoyan la escolarización de los niños y niñas que viven en las minas de oro o en los pueblos de alrededor. El proyecto asegura el pago de los sueldos, la adquisición de kits escolares, apoyo a los establecimientos (sobre todo los jardines de infancia comunitarios, los “Bisongo” en la lengua local) y organiza actividades psico-sociales y lúdicas para beneficio de los menores escolarizados.
Nuestra Fundación apoya también la formación profesional de los menores que trabajan en las minas y se les busca alternativas al trabajo con el oro. Los centros ANPE (Agencia Nacional para el Empleo) les proponen aprender oficios (mecánica, carpintería, costura, etc.) principalmente destinados a niños y niñas entre 15 a 17 años.
El proyecto también intenta permitir a la juventud y las madres de familia desarrollar actividades económicas independientes (criar animales, pequeño comercio, jardinería, etc.) dándoles un apoyo técnico y financiero.
Todas estas actividades van en el mismo sentido: permitir a los niños y niñas abandonar este entorno peligroso para su salud y su desarrollo y abastecerles de herramientas para construirse un futuro mejor.
Tierra de hombres provoca un cambio positivo en la vida diaria de más de dos millones de niños, niñas y sus familias cada año. Conozca nuestros proyectos Burkina Faso.