miércoles, 4 de septiembre de 2013

Burkina/Malí - Elefantes y otros animales para niños y niñas

El 24 y 25 de julio, 500 niños y niñas han salido para descubrir los animales de su región. Entre ellos, 400 refugiados malienses, acompañados de 100 de sus pequeños vecinos que viven en la comunidad donde está situado su campo de refugiados. Jirafas, elefantes, hipopótamos y otros animales de sus cuentos, han vistos los ojos maravillados de estos niños y niñas, de edades comprendidas entre los 8 a 14 años. Organizada por Tierra de hombres (Tdh – Ayuda a la infancia), esta escapada al zoo tenía como objetivo crear lazos entre las comunidades de refugiados y las de acogida, y ofrecer a los menores un poco de aire fresco, fuera del campo y de su atmósfera “deprimente”.
Los niños y niñas han llegado al campo de Sangnognogo este año, después del conflicto que ha asolado a Malí. Los primeros que llegaron habían sido alojados en 2012 bajo tiendas instaladas en el estadio de Ouagadougou, luego en un campo situado en el centro de la ciudad. Al no estar disponibles los servicios primarios, finalmente los han llevado a Sangnognogo, a algunos kilómetros de la capital, “algunos han llegado desde Mali solos, sin su familia, confía el vicepresidente del Comité director del campo, Sissé Aboubacar. Muchos tienen miedo de tener que marcharse pronto, tienen pesadillas, oyen todavía el ruido de las explosiones. Estos niños y niñas tienen necesidad de jugar”.
Tdh interviene en este campo desde 2012, junto al Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados y a la organización IEDA. Estas dos organizaciones abastecen de apoyo a la organización del campo, comida y todos los servicios necesarios para los refugiados. Tdh vela por la protección y el bienestar de los menores recluidos en el campo. Apoyo sanitario, social, educativo, psicológico y lúdico, “estos niños y niñas están bien y viven en buenas condiciones”, confirma Sissé Aboubacar. Sin embargo, “las actividades organizadas en el campo no son suficientes, explica Berthé Minata, responsable técnico psicosocial para Tierra de hombres. Los niños y niñas no se expansionan lo suficiente. Para muchos el año escolar ha sido interrumpido a causa del conflicto. No han podido volver enseguida a la escuela y se quedan todo el día junto a sus padres que están deprimidos, y esto todos los días. Encerrados, llegan a estar más encerrados. Las actividades como estas son esenciales, educativas, desarrollan su espíritu. Estos menores  tienen necesidad de saber más que la ubicación desértica de su campo, existen otras cosas. No viven ya la guerra, por lo que no hay razón para que tengan una vida diferente a la de otros”.
Gracias a esta salida al zoo, los menores refugiados de Burkina habrán aprendido la lección. Además de la prevención sobre la protección del entorno y de la fauna, habrán creado lazos entre ellos. Y podrán defender estos lazos junto a sus padres, sean de las comunidades de refugiados o de las de acogida. Pero a pesar de todo, cada niño, niña o acompañante de la comunidad maliense defenderá el hecho de volver a su casa, cuando la situación en su país se estabilice y sus pueblos sean rehabilitados. No todo está perdido.