viernes, 21 de junio de 2013

Más de 215 millones de niños y niñas trabajan todavía en el mundo

Como cada 12 de junio, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil permitió sensibilizar al público de la suerte de millones de niños y niñas obligados a trabajar, muy a menudo en condiciones de extrema precariedad, provocando un perjuicio a su salud física y mental. En esta ocasión, Tdh  intentó subrayar la amplitud de un fenómeno contra el cual lucha desde hace 50 años.
¿Qué se entiende por “trabajo infantil”?
Las cifras de 2012 de la Organización Internacional del Trabajo  hablan por sí mismas: más de 215 millones de niños y niñas trabajan en el mundo, de los cuales 158 millones tienen entre 5 y 14 años, o sea el equivalente de un menor de cada seis.
El trabajo infantil hace referencia a todos los menores de 12 años que trabajan en alguna rama de la economía y a los niños y niñas entre 12 y 14 años que trabajan en actividades nocivas para su salud. Pero la definición hace también referencia a los niños y niñas entregados a las peores formas de trabajo, sea cual sea su edad, por ejemplo los niños y niñas reducidos a la esclavitud, reclutados a la fuerza, sujetos a la prostitución, víctimas de la trata u obligados a realizar actividades ilícitas y peligrosas.
El trabajo infantil tiene varias caras
El trabajo infantil es generalmente una necesidad de subsistencia para numerosas familias. La pérdida de actividad de los padres, la marcha del cabeza de familia, una mala cosecha, un desastre natural, la llegada de una enfermedad o cualquier otro evento imprevisto sin importar cual, puede obligar a un niño o niña a trabajar.
Sin embargo, a pesar de los altibajos de la vida que pueden golpear a una familia, los niños y niñas son generalmente las víctimas de su vulnerabilidad. En efecto, representan una mano de obra poco cualificada, flexible y de bajo costo para los empleadores o parientes poco escrupulosos.
En Asia, las muchachas son vendidas para alimentar las redes de prostitución o para trabajar como empleadas de hogar o en las fábricas de textiles. En África, los niños son explotados en las plantaciones, las minas y las niñas acaban de criadas, por ejemplo “las pequeñas empleadas de hogar” en Marruecos.
En Europa del Este, los niños y niñas sirven de mano de obra barata o aprovisionan las redes de prostitución. Además, en América  Latina, en Colombia sobre todo, las niñas son víctimas de la prostitución para responder a los apetitos perversos de los turistas.
Un grave impedimento al desarrollo físico y cognitivo del niño y niña
Más allá de los problemas físicos que pueden causar estragos, como el envejecimiento precoz, la desnutrición y también la depresión, el trabajo infantil va totalmente en contra de su educación y de su desarrollo intelectual.
La mejor prevención posible contra el trabajo infantil consiste en permitir a cada niño y niña ir a la escuela. Un niño y niña obligados a trabajar es un menor que tiene un riesgo elevado de analfabetismo y causará un gran daño para su evaluación profesional y social.
Esfuerzos suplementarios a realizar
En 2006, la OIT había fijado el año 2016 como fecha límite para erradicar totalmente las peores formas de trabajo infantil. Sin embargo, aunque el número de niños y niñas que trabajan en el mundo disminuye de año en año, disminuye menos que en el pasado, si la tendencia acaba por confirmarse no se conseguirá el objetivo.
Por esta razón, la lucha contra el trabajo infantil no debe ser un motivo de preocupación de un día, sino una prioridad de cada instante para todos los actores relacionados de cerca o de lejos con esta problemática.
Desde esta perspectiva, Tdh prosigue con sus esfuerzos. En 2012, no son menos de 175.000 personas las que se han podido beneficiar de los proyectos de lucha contra el tráfico y la explotación en 12 países diferentes.