lunes, 20 de mayo de 2013

Siria/Jordania - Niños y niñas de la guerra


Radir, 15 años, dice sin dudar: “La gente me cree nerviosa y pretenciosa. ¡No es así!. Sufro en mi interior, esto es sí. Hay muchas cosas que no puedo explicar. Algunas que no quiero verdaderamente explicar. Pero aquí me siento bien. Estas actividades me alivian”, suelta con una gran sonrisa. Como cada semana la joven siria ha participado, el miércoles pasado, en un grupo de adolescentes puesto en marcha por la ONG Tierra de hombres (Tdh – Ayuda a la infancia) en Al-Mafraq, al norte de Jordania. Para intentar, después del infierno, readaptarse a la vida “normal”.
Andrés Allemand: Texto // Olivier Vogelsang: Fotos // Fuente:  24 HeuresTribune de Genève
El reto es enorme. La mitad de los 420.000 sirios refugiados en Jordania son niños y niñas, según la ONU. “Ellos han vivido sucesos terribles: bombardeos, destrucción de sus casas, han visto morir a gente, torturas, violaciones”, recuerda Jurgen Wellner, de Tierra de hombres. “Cada uno reacciona a su manera. Algunos menores se encierran en si mismos, otros son agresivos. Están afectados en grados muy diversos. Frente a un mismo suceso, algún niño o niña no se verá marcado pero otro necesitará seguimiento psicológico, la mayoría, aunque afectados, tienen sin embargo la capacidad de ponerse en pie y encontrar un poco de estabilidad”.
Gracias a los donativos pagados por el pueblo suizo a la organización Chaîne du Bonheur, la ONG desarrolla actividades semanales estructuradas para los niños y niñas, muchos de los cuales no tienen acceso a la escuela jordana. Aquí se hacen amigos. “Es esencial, después de la guerra aunque los padres tiendan a sobreproteger a su familia. Ellos se quedan en casa, entre ellos, con un ambiente a menudo deprimente”, describe Jurgen Wellner. “Acudir al centro de actividades, es salir, moverse, divertirse, interactuar con otros niños y niñas, reaprender mediante el juego a tener confianza y a colaborar, pero también a explicar lo que sienten aunque no lo sepan decir. Lo pueden hacer mediante el dibujo o con pequeñas puestas en escena en las cuales eligen jugar un papel. Pérdida, sufrimiento, cólera, frustración, así pueden expresarse”.
1.1  La familia al borde de un ataque de nervios
¿Un poco de aire fresco? Mucho más, afirma esta madre a la que llamaremos Hana, para no comprometer su identidad. Su marido se ha quedado en Deraa, Siria, donde está buscando a su hijo mayor, arrestado por las fuerzas de Bachar el-Assad. Llegada hace 3 meses con sus otros 6 hijos, está alojada en dos húmedas habitaciones, sin agua potable, ni electricidad… donde ella ha visto llegar recientemente a su hermana con sus cinco hijos. “Cuatro de mis pequeños van a las actividades. Ellos las adoran. Una vez que no pasó el autobús que ellos cogen, me suplicaron que les acompañase andando hasta el centro de Tierra de hombres. Pero también yo participo en un grupo con madres que han vivido una experiencia similar. Allí dejo salir mis emociones, en lugar de tomarla con mis niños. Soporto mal esta situación. A veces no tengo ni un céntimo para alimentar a mis hijos”.
Azzam y su mujer, Khetam, también acuden al centro en familia. “Para salir del ambiente de guerra. Mis hijos tienen pesadillas. Yo también”, confía el padre. Con sus dos niños, ocupan el primer piso de un inmueble en construcción. El propietario les deja vivir allí gratuitamente mientras las ventanas y las puertas no estén puestas. Para ocuparse del viento frío y aislar un poco el suelo han extendido un poco por todo mantas y alfombras con el logo UNHCR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. Pero incluso este precario refugio es una ayuda después del peligroso periplo que les ha traído de Homs, “capital de la rebelión” hasta la frontera jordana. En el Líbano, más próximo, no han querido poner los pies. Como buenos sirios, temen a la milicia Chiita de Hezbollah. Provenientes de Al-Mafraq, otros refugiados de Homs aseguran haber visto a estos libaneses llevar su ayuda a los soldados del régimen sirio. También dicen que han oído hablar en iraní.
1.2 Un conflicto bárbaro
A algunos kilómetros de Al-Mafraq, en el mega-campo de refugiados de Zaatari, donde se encuentran masificados 120.000 sirios de los 420.000 que han recalado en Jordania desde marzo de 2011, el pequeño Mohamed de 6 años, espera en su silla de ruedas la hora de su consulta en el patio del pequeño centro de fisioterapia atendido por una ONG. Los huesos de su pierna se han roto durante la explosión de una bomba lanzada sobre Deraa. Pero después de 15 operaciones y algunas semanas de fisioterapia, está aquí presto a saltar. Su madre respira. “Pensaba que se la iban a amputar allí en Siria. Mi familia ha sido golpeda de lleno por el azote de la guerra. Varios de mis hijos forman parte de la rebelión. Uno de ellos fue abatido en mi casa por los soldados y me obligaron después a prepararles la comida. Son unos bárbaros”.
Llamada para donaciones. Chaîne du Bonheur lanza una recogida de fondos. CCP 10-15000-6, mención “Syrie”.