martes, 9 de abril de 2013

Tdh prioriza mantener a los niños y niñas en su entorno


Estos últimos años, la adopción internacional poco a poco ha perdido terreno después de los repetidos escándalos ligados a casos de abusos, tráfico y trata de menores. Con la globalización, las desviaciones son tales que incluso es posible comprar un niño o niña directamente por Internet. Ciertamente, las irregularidades, las leyes y los procedimientos mal aplicados y los casos individuales dudosos han existido siempre en todos los países que practican la adopción internacional, por el contrario el hecho de que un país y su sistema entero este gangrenado es un fenómeno más reciente. Entre los Estados de alto riesgo de tráfico, se encuentran en primer lugar Rumanía en los años 90, antes que otros países como Guatemala, Camboya, Vietnam, China,  Haití y más recientemente Nepal y Etiopía no quieren ser acusados de trata a nivel nacional. Sin embargo, la presión de la comunidad internacional sobre los países de acogida ha dado sus frutos y ha obligado a los Estados de origen a revisar su funcionamiento, su legislación y sus procedimientos. 
La adopción internacional va perdiendo velocidad
Se registra una bajada  constante de las adopciones internacionales y las cifras hablan pos si mismas. Por ejemplo, en Estados Unidos es más significativo este hecho. El número de adopciones ha caído de 24.000 a 9.300 entre 2004 y 2011. Tres elementos principales explican esta caída.
En primer lugar, los niños y niñas “adoptables” no corresponden ya a los criterios de los que desean adoptar. Los menores a menudo tienen “necesidades especiales” porque tienen más edad, están marcados físicamente por el pasado, sufren una enfermedad o una minusvalía o porque no pueden ser separados de sus hermanos. Además, la experiencia muestra que cuando los padres deciden adoptar un niño o niña que tiene alguna de las características mencionadas, el éxito pasa necesariamente por un acompañamiento psicosocial y un apoyo post-adopción adaptado.
En segundo lugar, algunos países de acogida, fomentados por las ONG de protección a la infancia como Terre des hommes / Tierra de hombres (Tdh), han decidido parar las adopciones de algunos países de origen. En efecto, numerosos casos de abusos han sido constatados,  desde la denegación del Estado para determinar el estatus legal del menor (volviéndolo incluso adoptable), pasando por la falsificación de documentos de identidad, decretando a un menor como abandonado o huérfano.
En fin, a título de ejemplo, países como Brasil e India  han conocido un fuerte desarrollo económico desde el comienzo del siglo XXI, favoreciendo la emergencia de una clase media alta. Actualmente en India, el 75% de los niños y niñas abandonados de ahora en adelante son adoptados en su mismo país. Sin embargo, solo hace 25 años nadie hablaba de adopción nacional. 
Priorizar el mantener a los niños y niñas en su entorno
Más allá de las cifras que muestran una disminución importante de las adopciones internacionales, si las organizaciones como Tdh han decidido parar la adopción internacional, es ante todo porque algunos países de origen se han dado los medios para preservar a los niños y niñas en el seno de sus fronteras. La mayoría de los actores en el campo de la protección infantil saludan esta evolución y predican el desarrollo de alternativas a la adopción internacional o a la institucionalización, como la adopción nacional o un sistema de familias de acogida. Esta visión compartida con el interés superior del menor como único objetivo se encuentra escrito con pelos y señales en dos textos guías en términos de protección a la infancia, a saber la Convención de los Derechos de la Infancia y la Convención de la Haya.
Los Estados que han ratificado estos dos textos se comprometen a poner en marcha las medidas apropiadas para encauzar los abusos en términos de adopción internacional creando procedimientos más transparentes y un aumento de la colaboración entre los Estados de acogida y de origen. La Convención de la Haya sobre todo, precisa que ningún Estado tiene la obligación de “abastecer” de niños y niñas a los países de acogida. Pero sobre todo, el texto estipula que cada Estado firmante se compromete a tomar todas las disposiciones para que los menores crezcan con su familia biológica, la adopción internacional solo debe intervenir como último recurso.
Aunque la Convención sea actualmente la mejor herramienta para poner en marcha un sistema de colaboración entre Estados que sea ética y viable, algunos países como Haití y Nepal no lo tienen ratificada y los escándalos se suceden con menores a veces propuestos en adopción internacional por personas privadas (abogados, intermediarios, directores de guarderías). El objetivo no es tirar piedras a los Estados de origen, a menudo muy pobres y presionados por los países de acogida más ricos, sino simplemente apoyarles. No es preciso más que no perder de vista las lagunas legislativas y estratégicas  de un país donde los niños y niñas son más vulnerables a los abusos y al tráfico. Por esta razón, Tdh se compromete junto a los gobiernos de Haití y de Nepal para sensibilizarles en las preocupaciones ligadas a la adopción en su país. En Bénin, Tdh desarrolla un proyecto de familias de acogida para colocar allí a los niños y niñas maltratados y abandonados. En Guinea, los equipos están en estrecha colaboración con las autoridades en el establecimiento de leyes de protección a la infancia.