miércoles, 4 de enero de 2012

Afganistán – Niños y niñas de la calle, en peligro de abusos en cada rincón de la calle


Miles de niños y niñas vagando por las calles sombrías y polvorientas de Afganistán y trabajando para recoger desesperadamente algunas monedas necesarias para la supervivencia de sus familias. Ver a estos niños y niñas tan pobremente vestidos, a menudo no mayores de 3 años, es cosa común alrededor de las bases militares y de las zonas comerciales donde hacen sus pequeños negocios bajo el sol abrasador del verano o el persistente frío en invierno.
Muchos de ellos venden sus mercancías, goma de mascar, revistas e incluso recuerdos de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF). Otros limpian zapatos, lavan coches o dicen la buena ventura mediante hierbas tostadas, método conocido como “Espand”.
La pobreza y la inseguridad del país obligan a un número creciente de niños y niñas afganos a trabajar y mendigar en las calles. Y el aumento del número de menores de la calle –estimado por la ONU en 50.000, solo en Kabul- engendra entre la multitud un aumento de los casos de violencia hacia los niños y niñas.
Las agresiones sexuales: uno de los mayores riesgos del trabajo en la calle.
Mohammad Yousif es el director de la ONG Aschiana, colaboradora de Tierra de hombres (Terre des hommes) en Afganistán. A través del Consortium pour les droits de l’enfant organizado por Tdh, las organizaciones ofrecen servicios, apoyo y proyectos para niños y niñas desfavorecidos. Yousif explica que su organización ha constatado un aumento significativo del número de menores que trabajan en las calles y que han sufrido agresiones sexuales.
Según él, las encuestas nacionales y los casos documentados son raros en Afganistán, país donde la violencia y el abuso sexual son un tabú cultural. Pero este claro aumento es fuente de gran preocupación para Yousif.
Las familias no quieren hacer públicos estos asuntos o salir en los medios”, denuncia Yousif. “No es  cosa fácil saber cuántos casos existen, pero estos abusos sexuales son habituales y perpetrados en niños y niñas que no reciben ninguna protección, ni por parte de su familia ni del Gobierno”.
Yousif explica que el número de niños y niñas de la calle ha aumentado de 38.000 en 2003 a más de 60.000 en 2011. Esto está relacionado con la afluencia masiva de refugiados que huyen de Irán y Pakistán por la sequía y la inseguridad, que ha obligado a numerosas familias a abandonar sus hogares. Y en muchos casos, se entristece Yousif, la carga de mantener a la familia recae sobre niños y niñas. 
Tal es el caso de un jovencito de 12 años, proveniente de Kandahar (Afganistán) y que no ha querido dar su nombre. A causa de las fuertes dificultades financieras de su familia, ha tenido que abandonar la escuela para trabajar en la calle. Como muchos otros niños de la calle, dice haber sido agredido sexualmente. Explica haber sido arrestado por dos policías en una carretera. De repente, ellos le han acusado de haber robado 20.000 afganis (380 francos suizos) después de meterle bruscamente en su vehículo antes de partir rápidamente. “En lugar de ir a la comisaría, el conductor tomó otro camino donde estaba el comandante de la policía, describe el muchacho. El me ha dicho que no había robado dinero pero que me habían llevado allí para ser violado. Me han arrojado a una sala. Yo les he dicho que lo que hacían no era digno de un musulmán”. El muchacho cuenta que fue violado sucesivamente por tres hombres, después le abandonaron al borde de una carretera, ensangrentado y llorando
La pobreza endémica: una de las causas de la explotación infantil
Niños y niñas son las principales víctimas de la pobreza endémica de Afganistán. 30 años de guerra continuada significan también que muchos menores no tienen padre o tienen padres incapaces de trabajar a causa de grandes heridas. Sus madres no pueden tampoco ganar dinero a causa de las coacciones culturales que les impiden trabajar fuera de sus hogares.
En el caso de Amin, otro jovencito, su padre murió durante la guerra civil, cuando era muy pequeño. Aunque él pudo refugiarse en casa de unos parientes, explica que ha tenido que trabajar para sobrevivir: “No he podido ir a la escuela porque soy huérfano. A mi padre lo mataron los talibanes. Yo trabajo todos los días para poder comer alguna cosa”.
Según UNICEF, más del 30% de los niños y niñas en edad escolar trabajan en las calles afganas y representan a menudo el único apoyo de su familia. Lo que significa que tres millones de niños y niñas no reciben educación. Los niños un poco menos pobres, como Hasib de 8 años, pueden ir a la escuela por la mañana y trabajan después del mediodía: “Me levanto pronto por la mañana y voy a la escuela. Paso la mitad del día en la escuela y la otra vendiendo té en la calle. No tenemos dinero en casa. El dinero que yo gano me sirve para comprar algo de comer”.
La educación: una de las únicas soluciones para estos menores
La comunidad internacional ha gastado mil millones de dólares este último decenio para reconstruir el país y mejorar las vidas de los afganos. Pero según Nader Naderi, Comisario de la Comisión Independiente Afgana de los Derechos Humanos, este dinero no ha llegado a los niños y niñas del país: “Los menores no se han beneficiado del desarrollo y de las mejoras de las cuales otros afganos han sido testigos. Todavía muchos niños y niñas se ven privados de una educación básica y han muerto a causa de los combates. El porvenir de la infancia afgana es una tabla donde se mezclan esperanza y miedo”.
En cuanto a Yousif, el afirma que el Gobierno afgano y la comunidad internacional deben invertir de ahora en adelante en educación –una etapa, que él espera, contribuirá a que disminuya el número de menores de la calle. “Niños y niñas deben tener acceso a la educación y a la formación profesional. Gracias a las competencias y a la escuela sus vidas estarán aseguradas. Y nadie podrá abusar de ellos”, concluye Yousif.
El Consortium pour les droits de l’enfant (CRCIII) es un programa que reúne a tres ONG: Aschiana, LKRO y Tierra de hombres. Presidida y administrada por Tierra de hombres y financiada por la Unión Europea, la CRC está operativa en Afganistán desde 2003. Su objetivo es mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas que viven y trabajan en la calle y de sus familias en Afganistán. La CRC lleva a cabo también acciones a favor de la defensa de los derechos de la infancia, tal como se enuncia en la Convención Internacional de los Derechos de la Infancia de la ONU ratificada por Afganistán en 1994.