miércoles, 7 de diciembre de 2011

Afganistán - En 57 años, ella ha ayudado a nacer a 50.000 niños y niñas


Naseema Qochi, comadrona, es fácilmente reconocible cuando pasea por la clínica de salud de manera espartana y rodeada de chiquillos cerca de un jardín de rosas en el polvoriento laberinto de Qlia Bakhtyar. Una enfermera está examinando a una jovencita que la saluda calurosamente: “Salaam alaikun”. En esta comunidad, tres generaciones de mujeres han pasado ya entre las manos de Naseema para ayudar a nacer a sus hijos e hijas. “Naseema es la doctora”, explica otra comadrona para describir el papel fundamental de esta gran señora y el respeto que ella inspira.
Encontrar a las mujeres a pesar de la austeridad de las familias
En esta región empobrecida y conservadora, las familias son reticentes a ver a sus mujeres dar a luz en un establecimiento sanitario donde las eventuales complicaciones pueden ser tratadas por profesionales y así salvar vidas. “Yo las animo a ir a la clínica. Hablo con sus maridos. Les hablo de los riesgos ligados al embarazo…pero se niegan”, se entristece Naseema, miembro de una asociación de comadronas afganas apoyadas por la organización Jhpiego . “Un día, una mujer estaba acostada en lo alto de un tejado. No había forma de llevarla a una clínica”.
Entonces Nassema va al encuentro de las mujeres. Les enseña nutrición, lactancia, les describe las señales de peligro durante el embarazo, las maneras de cuidar al recién nacido y les ofrece los cuidados necesarios durante los meses que preceden al alumbramiento. Naseema y su colega, la comadrona Golghotia Mosleh, llegan a una casa, equipadas con una maleta de cuero que contiene todo su material médico: tensiómetro, pastillas de hierro para prevenir la anemia, jeringuillas, tijeras, pinzas, cloro, hilo, medicamentos de urgencia…Estas comadronas trabajan para la Delegación de Tierra de hombres (Terre des hommes) , que se encarga sobre todo de la salud de las madres y de los niños y niñas afganos.
Convencer a las familias a hacerse cargo de sus mujeres y de sus niños y niñas
En esta mañana de otoño, Naseema y Golghotia visitan a una adolescente embarazada, que vive con su madre, su hermano menor y su marido.Están en casa de su vecino, en el cuarto de invitados. Es la tercera vez que Naseema ve a esta jovencita, embarazada de 7 meses. Además de examinarla, las dos comadronas le explican a la madre de la adolescente lo que tiene que hacer si el bebé viene prematuro o si la joven no puede llegar a tiempo a un centro sanitario.
Naseema despliega entonces una cubierta de plástico que deposita sobre la alfombra. Se anuda un foulard blanco, limpio, sobre su cabeza y pide un barreño de agua. Naseema, enseña a la madre como lavarse correctamente las manos, haciendo espuma con el jabón entre los dedos y frotar hasta los codos. Enseguida abre su bolso y saca varios accesorios: una muñeca bebé y una pequeña caja recubierta de un material que parece una cortina agrietada. Naseema dirige su lección a la madre de la joven y comienza a escenificar el parto: la sección del cordón umbilical; los cuidados que debe recibir el recién nacido y como sacar la placenta.
“Si vosotros hacéis frente a las dificultades, si no hay comadrona cerca o el bebé viene en medio de la noche, debéis saber qué hacer”, le dice a la madre que suspira profundamente.
En el distrito que ella cubre, Naseema tiene una lista de pacientes que asciende a 500 mujeres embarazadas y jóvenes madres. Cuando el bebé se presenta de culo o con complicaciones, Naseema paga un coche que llevará a la madre al hospital más próximo. Después del nacimiento, Naseema vuelve siempre para hacer el seguimiento del estado de salud de la madre y del niño o niña en su casa.
Lo esencial: dar a luz en un hospital con personal cualificado
En 57 años, Naseema lleva de comadrona cerca de 30 años. En este momento, ella dice haber ayudado a nacer a 50.000 bebés. Durante estas tres décadas, ha visto a cada vez más mujeres escoger dar a luz en un hospital o en una clínica, un cambio que ella atribuye a la educación y al fin del régimen extremista religioso de los talibanes. Este cambio es importante para mantener a las mujeres con vida: las investigaciones han demostrado que un nacimiento asistido por un agente sanitario cualificado es uno de los medios principales para reducir la mortalidad materna.
“Antes, yo atendía a unos 60 partos al mes a domicilio. Ahora no hago más de 20. Es una diferencia enorme”, explica. “Yo pasaba a menudo cuatro días sin dormir. No sabía cuando era por la mañana y cuando por la noche. Actualmente, estoy más libre. Tengo más tiempo”.
Y sin embargo, la madre de nuestra jovencita embarazada insiste en que llamará a Naseema cuando el bebe esté a punto de nacer. Naseema sonríe, orgullosa de lo que le va a responder: “Yo le animaré siempre a que vaya a un hospital para el parto. Es mi responsabilidad”.