miércoles, 3 de agosto de 2011

Nepal: “Prefiero ser un pájaro libre que un pájaro enjaulado”

Una nueva publicación saca a la luz nuevos métodos para apoyar a las familias en las montañas remotas de Nepal para ayudarles a hacerse cargo ellos mismos de sus niños y niñas antes de colocarlos en instituciones como orfanatos y hogares para menores.
La noticia ha repercutido como un seísmo en el mundo de la protección infantil: “Bal Mandir”, el más antiguo orfanato de Nepal, ha sido traspasado a una ONG australiana. Después de meses de negociación entre la Organización Nepalí para la Infancia (NCO) y la Fundación Mitrataa, la gestión de Bal Mandir ha sido confiada a una organización extranjera, a partir del primero de mayo de 2011 durante 5 años. Las personas voluntarias australianas de Mitrataa han encontrado a los niños y niñas en situaciones dramáticas, algunos de ellos sufrían de desnutrición aguda. Los menores no habían sido inscritos en la escuela a causa de la falta de fondos. Pero esto no es una sorpresa para todos los que conocen Bal Mandir. Este orfanato, el mayor del país (250 menores actualmente) ha sido el centro de varios escándalos en estos últimos años.
El cambio de dirección de Bal Mandir plantea una serie de preguntas: ¿todos estos menores son huérfanos? ¿Tienen verdaderamente necesidad de estar institucionalizados como primer recurso? ¿Es qué la búsqueda de una “buena educación” puede compensar el trauma de la separación de un menor de su familia? ¿Hay soluciones para que los niños y niñas se queden con su familia si esto contribuye al interés superior del menor? ¿Las soluciones pueden ser puestas en marcha en las comunidades? ¿Por qué Nepal conserva esta clase de instituciones mientras que el resto del mundo está cerrándolas?
Quemados vivos
Estos últimos días, varios tristes sucesos nos han recordado la gravedad de la situación. Al comienzo del mes de junio, un testigo ocular ha relatado, que en un orfanato de Katmandu, la principal responsable utilizaba la tortura para “disciplinar” a los menores. Se le ha visto derramando la cera de una vela sobre una chiquilla de 10 años para castigarla por haberse mojado el pantalón. Esto desgraciadamente no es un hecho aislado.
La situación era peor, yo diría incluso de pesadilla, en otro orfanato, Mukti Nepal. Según un agente del Consejo Central de Bienestar Infantil (CCWB), esta institución estaba “muy por debajo de los mínimos”. Esta institución fue cerrada el 20 de marzo de 2011 y los menores salieron de este infierno. 21 niños y niñas habían estado amontonados en una sola habitación, sin separación entre niños y niñas, no estaban regular y suficientemente alimentados, vivían en locales sórdidos, sus papeles de identidad estaban falsificados. Lo peor está todavía por llegar: la directora pegaba regularmente a los niños y niñas con una barra de metal. Un menor murió y otro ha desaparecido. A manera de castigo, una niña ha sido golpeada con la famosa barra metálica y con ortigas antes de ser confinada en aislamiento (en la terraza) durante dos semanas. La directora no le daba bastante de comer y han sido los menores los que se han organizado para llevarle algo de comida, cuando podían. Y luego el drama: la niña fue llevada al hospital por un visitante y murió ese mismo día.
Su nombre era Sangita. Los menores que han sobrevivido están ahora traumatizados y tienen pesadillas continuamente sobre el horror que han vivido en este hogar. Sueñan que vuelve el director y les lleva al Templo de Pashupati donde se hacen las cremaciones y los queman vivos. Los menores cuentan que llegó un niño enfermo hace algunos años y la directora no le pudo proporcionar un tratamiento médico. El niño habría sido quemado vivo.
Otro caso: en un hogar de Jorpati cerca de Katmandu, una niña de 12 años murió misteriosamente. Incluso aunque había sido registrada como huérfana, sus padres estaban bien vivos. Había sido colocada en una institución 5 años antes después de recibir una carta  enviada por un falso comité de desarrollo de un pueblo que aseguraba que ella no tenía padre. El orfanato funcionaba ilegalmente.
En otro gran orfanato, un hombre joven pudo entrar en los locales durante la noche y forzar a las jóvenes adolescentes sordas. Felizmente ellas pudieron advertir a los empleados del orfanato haciendo ruido, sobretodo golpeando sus camas.   
Todos estos casos son síntomas de un problema mayor. Se estima que al menos 4.000 menores viven en establecimientos que deberían estar cerrados. En términos de números y de gravedad de las violaciones de los derechos del menor, estamos frente a una gran crisis de protección a la infancia. En 2008, Tierra de hombres (Tdh – Terre des hommes) ha estimado que el número de menores colocados en instituciones alcanzaba 15.000 en todo el país. Existen al menos 440 instituciones privadas, de las cuales una gran parte están dirigidas por hombres de negocios, como actividad secundaria. Sin embargo, para hacerse realmente idea de la cantidad de instituciones, conviene añadir los establecimientos ilegales, los internados, las instituciones confesionales, así como las “casa de corrección”. La tasa de institucionalización en Katmandú es más elevada que en Camboya (193 por cada 100.000 menores de edades entre 0 y 17 años) o que en China (27). Un gran número de huérfanos no reglamentados son la receta del desastre  para los niños y niñas pero también para la sociedad.
“Estamos desolados por la tragedia de las infancias perdidas
“Nos hemos reunido ahora para presentar las excusas de nuestra nación, para decir que estamos desolados. Desolados porque los niños y niñas hayan sido arrancados de sus familias para colocarlos en instituciones en las cuales a menudo han sufrido violencia. Desolados por los sufrimientos físicos, la carencia afectiva y la fría ausencia de amor, ternura y cuidados. Desolados por la tragedia, la absoluta tragedia, de las infancias perdidas”, palabras de contrición pronunciadas por el Primer Ministro australiano en 2009. M. Rudd ha presentado las excusas de la Nación a cientos de miles de menores que han sido separados de sus familias e institucionalizados en Australia. Muchos de los niños y niñas habían sido colocados en establecimientos religiosos, donde ellos sufrían violencia y negligencia. Estos hogares atraían igualmente a los pedófilos: muchos niños y niñas han confesado haber sufrido abusos sexuales. Otros han descrito su vida miserable, aniversarios y fiestas que pasaban solos, sin ninguna prueba de afecto.
Creemos que algún día el sufrimiento padecido por los menores que viven en instituciones será reconocido en todo el mundo y comprendido en Nepal. Nosotros, los defensores de los derechos de la infancia, estamos también “desolados por la tragedia de las infancias perdidas”. Nos volvemos a países como Australia y muchos otros, que han dado vuelta a esta situación desde hace algunas décadas para sacar a los menores de las instituciones. No hay ya “orfanatos” en el país, solo menores colocados en hogares de acogida o adoptados a nivel nacional.
Tenemos  esperanza. Hace menos de un año, los riesgos inherentes a la institucionalización de los niños y niñas no estaba casi reconocido en Nepal. El Plan de Acción Nacional para Niños y Niñas 2005-2015 proclamaba abiertamente querer “promover los hogares para menores” y recomendaba un “aumento del número de orfanatos”.
Actualmente, la situación ha cambiado. Las instituciones no tienen inmunidad porque estaban protegidas por la Reina Madre o algunos otros políticos. El proyecto de Tierra de hombres  ha identificado 41 familias de acogida en los cuatro distritos de la región de Midwet y ha colocado a 27 menores bajo su responsabilidad. En los años venideros, tales situaciones serán mucho más frecuentes y serán cada vez más frecuentes en los distritos.
Desde la noche de los tiempos, la ruta privilegiada para cuidar y proteger a los huérfanos es confiarlos a su familia lejana. Los lazos de parentesco crean respuestas primarias, que tienen necesidad de ser reforzadas y aseguradas. El reto es asegurar que esta elección respeta el mayor interés del menor y que esta forma de atención contribuye al mismo tiempo a eliminar el trabajo infantil.
La desinstitucionalización es un proceso complejo que necesita muchos recursos –recursos de los cuales se puede aprovechar todo el país. No se trata únicamente de erradicar la institucionalización abusiva, sino de hacer resurgir los reflejos de la toma a su cargo endógena y modernizar el sistema.
Algunos individuos y organizaciones han hecho grandes avances: Tdh, Hope for Himalayan Kids, Next Generation Nepal, The Himalayan Innovative Society y la Fondation Umbrella. Estamos muy ilusionados por la inclusión de la desinstitucionalización en los temas de discusión del Gobierno, particularmente a nivel de la Autoridad Central de Adopción Nepalí y del Ministerio de la Mujer, de la Infancia y del Bienestar social. El Plan de Acción Nnacional para la Infancia ha sido modificado. Varias organizaciones han contactado con Tdh y pedido asistencia y la constitución de grupos de trabajo informales. Tdh ha creado entonces una lista de organizaciones que promueven la preservación de la familia, de acogidas alternativas familiares y la desinstitucionalización.
Un nuevo recurso podría ser útil en este contexto: Tdh se ha unido a la organización “Hope for Himalayan Kids” para realizar un manual práctico que presente diferentes métodos para reducir el número de menores colocados en instituciones y para promover la acogida familiar. El Embajador Suizo en Nepal, H.E. Thomas Gass ha lanzado esta publicación titulada 10 etapas hacia la desinstitucionalización  en presencia de otros embajadores y miembros de diversas Misiones diplomáticas, representantes del Gobierno Nepalí, UNICEF y organizaciones humanitarias que trabajan para la infancia que están en instituciones. La autora principal de este manual es la trabajadora social Deborah MacArthur, ayudada por Aruna Khadka, una pionera en el campo de la desinstitucionalización. La filosofía principal de este documento es que los derechos (y el interés superior) de niños y niñas estén garantizados en las familias antes que en las instituciones.
Un proverbio Humli lo resume bien: “Mejor ser un pájaro libre en las montañas que un pájaro enjaulado”. Esperamos que las jaulas sean cada vez menos numerosas en Nepal y que muchos pajarillos estén apoyados en sus familias en lugar de ser institucionalizados. Para los que lo están ya, Tdh se compromete a ayudarles a volar con sus propias alas gracias a un entorno familiar protector.
Más información sobre la intervención de Tdh Népal