miércoles, 20 de julio de 2011

Ser minusválido en Afganistán - Un tema tabú

A la vista de la infinita lista de problemas que afectan a Afganistán, hacerse cargo de niños y niñas con minusvalías no parece ser prioritario para nadie. Algunas estructuras existentes no cubren más que una parte ínfima de las necesidades y están concentradas en algunos centros urbanos. Así, una inmensa mayoría de los menores minusválidos se quedan encerrados en casa, a cargo de una madre que la mayoría de las veces está totalmente desprovista para hacer frente a sus necesidades. Muy raros son los que tienen posibilidad de recibir una educación, sea cual sea la naturaleza y el grado de su minusvalía.
El Consorcio de ONG para los derechos de la infancia (CRC) dirigido por Tierra de hombres, en asociación con dos organizaciones afganas, Aschiana y LKRO, ha hecho de la mejora de las prestaciones suministradas a esta población marginal una prioridad. La intervención del CRC está articulada alrededor de dos ejes: el primero es el acceso a la asistencia, a la educación y a la formación. El segundo es la defensa a nivel comunitario y gubernamental para el reconocimiento de los derechos de la infancia con minusvalías.
Tradicionalmente, el minusválido es un sujeto tabú en Afganistán. Tener un niño o niña que padece una minusvalía, ya sea física o mental, está considerado generalmente como una vergüenza: “se ejerce una gran presión sobre las familias para que mantengan a sus niños y niñas lo más lejos posible de la esfera pública, explica la Sra Leyluma, que trabaja como profesora especializada en Aschiana. Los vecinos se hacen preguntas y juzgan a los padres. Creen que los niños y niñas con minusvalías no respetan las reglas morales, lo que no es aceptado en Afganistán”.
El hacerse cargo de estos menores está considerado en el mejor de los casos como una cuestión de caridad y se deja en manos del buen corazón de donantes generosos. La idea de que el menor minusválido es un ser humano con derechos está todavía lejos de la conciencia colectiva. M. Zazai es el director de AOAD (Accessibility Organization for Afghan Disabled) una organización que ofrece, a demanda del CRC, formación profesional a los niños y niñas minusválidos en la región de Jalalabad, al este del país. Según él, “la población afgana no tiene ni idea de los derechos de las personas minusválidas, o sea que ellos son igualmente miembros de la sociedad. En cuanto al Gobierno, elabora leyes y planes de acción, pero no pone en marcha nada concreto para acudir en su ayuda”.
El trabajo a realizar para hacer evolucionar las mentalidades es considerable: “La acción a escala comunitaria es una etapa esencial, prosigue M.Zazai. Si se toma tiempo en explicar los derechos de la infancia minusválida, la percepción que tiene la gente cambia rápidamente”. Después, enumera las siguientes prioridades de intervención: “Primeramente, hay un gran trabajo para recabar datos a nivel nacional, a fin de evaluar la situación. Dado el silencio que reina sobre esta cuestión, la extensión de las necesidades está por determinar. Después, es preciso mejorar su acceso a la educación y a la formación profesional, para que estos niños y niñas puedan un día llegar a ser adultos independientes. A nivel del acceso a la asistencia, si existen algunas estructuras en Kaboul, en las provincias queda todo por hacer”.
En Kaboul, el centro de Aschiana agrupa a unos cuarenta menores que sufren minusvalías mentales. “Aschiana ha sido la primera y una de las únicas organizaciones afganas que se ocupan de estos niños y niñas, explica la Sra Leyluma. En un primer momento, nos hemos dirigido a los mullah de los alrededores, que nos ha permitido identificar a las familias con menores minusválidos. Ahora, los conductores de Aschiana van a recoger a los niños y niñas a su casa y los llevan al centro, donde siguen las clases y realizan diferentes actividades recreativas, después les dan una comida y les llevan a su casa. Igualmente, enseñamos a los niños y niñas las reglas higiénicas básicas, como vestirse, e intentamos que sean lo más autónomos posible en su vida cotidiana. Paralelamente, efectuamos un gran trabajo junto a las familias a fin de familiarizarles con los cuidados elementales que deben proporcionar”.  
Gracias a una vasta red de interlocutores en los pueblos (Mollahs y Wakils) y de los prestadores de servicios, la acción del CRC a nivel comunitario empieza a aportar sus frutos. En Torkham y sus alrededores, Tierra de hombres, en colaboración con AOAD, ha efectuado una encuesta a fin de evaluar las necesidades que se necesitan para hacerse cargo de los menores con minusvalías. Desde entonces, la organización ha puesto en marcha un sistema eficaz de identificación de niños y niñas que enseguida son reorientados hacia los servicios apropiados suministrados por asociaciones colaboradoras. Por otro lado, 330 niños y niñas siguen o han seguido una formación profesional gracias a AOAD en Jalalabad.
Aunque  estas experiencia en Kaboul y Jalalabad han dado resultados muy positivos, sin embargo son una gota de agua en un océano de miseria y emiten tenue luz sobre la amplitud del trabajo que queda por hacer a nivel nacional. Hasta ahora, el Gobierno parece incapaz de poner en marcha una red de servicios sociales eficaz. A pesar de los grandes esfuerzos para ayudar, no se ha puesto en marcha todavía ninguna estrategia concreta para integrar a los menores minusválidos en el sistema escolar. Es hora de que sobrevenga algún cambio. Las familias (sobre todo las madres) la mayoría de las veces no tienen ni tiempo ni medios para ocuparse de sus hijos: por eso, les dejan vegetar por la casa, sin cuidados ni atención. Queda un largo camino por recorrer hasta que los pequeños afganos con minusvalías sean considerados como lo que son: pequeños niños y niñas que tienen derechos de aprender, de ser valorados, cuidados y ante todo amados.