miércoles, 27 de julio de 2011

Perú - La justicia juvenil restaurativa reduce el índice de reincidencia de los adolescentes

“Antes yo no me implicaba en nada, pasaba el tiempo sin hacer nada”, explica Luis, sosteniendo la mano de su joven hija. Con 22 años, durante su adolescencia, se pasaba los días robando para comprar droga. Esto ha quedado atrás. Integrarse en el programa de justicia juvenil restaurativa durante dos años de su adolescencia no solo le ha permitido evitar estar en la cárcel y reconciliarse con la sociedad sino tener una visión distinta de la vida donde él ha comprendido que aprender y trabajar son cosas esenciales. “Ahora, afirma, trabajo en un instituto de recaudador de fondos. El Director me dio una oportunidad cuando estaba condenado por robar. El tuvo confianza en mí”.
Luis es un ejemplo de lo que la justicia juvenil restaurativa puede hacer con los jóvenes. Este programa se inició hace seis años, a través de un proyecto piloto puesto en marcha en El Agustino, donde la violencia es un problema considerable. A través de un estudio, Tierra de hombres – Ayuda a la infancia (Tdh) ha podido detectar los puntos críticos de la justicia para los menores peruanos: la debilidad del sistema de defensa, la utilización excesiva del encarcelamiento preventivo, la débil aplicación de las medidas socioeducativas como alternativas a la privación de libertad. “Este programa ha asegurado a más de 600 jóvenes una asistencia legal y un apoyo psicosocial. Esto ha permitido que sean reintegrados en su marco familiar, comunitario y escolar, en lugar de estar encerrados en centros como el de Maranguita”, explica Veronique Henry, delegada de Tdh en Perú.
¿Este tratamiento promete impunidad? Esto, responde Veronique Henry, es otro de los aspectos positivos del programa que permite al joven delincuente reparar el daño infligido a su víctima. “La justicia juvenil restaurativa implica también la participación de la víctima, que no sea solo un testimonio que denuncia, como ocurre en el procedimiento judicial corriente, se organiza una mediación entre el autor de la infracción y la víctima para poder reparar los daños sufridos. Esto humaniza la relación entre ellos y reconstruye el vínculo social”, añade Veronique Henry.
La participación de instituciones como los Ministerios Fiscal, Interior, Justicia, Mujer y  Desarrollo Social, así como las organizaciones civiles y gobiernos municipales ha sido necesaria para que este programa funcione correctamente.
El éxito de la justicia juvenil restaurativa en El Agustino ha permitido sobretodo extender este modelo en los distritos del sur de Lima desde el mes de octubre de 2010.
“Empezamos ahora a poner en marcha este programa en Villa María de Triunfo, Villa El Salvador y San Juan de Miraflores. Hemos demostrado ya al Ministerio de Economía que invertir en la infancia en este tipo de aproximación es un gran beneficio para el Estado, reduciendo sus gastos”, indica Rita Figueroa, Procuradora Superior del Ministerio de la Familia de Lima.
La semana anterior en Lima tuvo lugar un seminario internacional organizado por Tdh y su colaborador Encuentros sobre la justicia juvenil restaurativa en colaboración con la Academia de la Magistratura, el Colegio de Abogados, el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Educación y las autoridades judiciales. Más de 360 personas han participado en los diferentes espacios organizados a lo largo de toda la semana, entre conferencias, talleres, seminarios, reuniendo a un buen número de expertos en la materia, peruanos, pero también argentinos, colombianos y norte americanos. Jueces, fiscales, defensores públicos, psicólogos, conciliadores, asistentes sociales, profesores, policías han podido profundizar sus conocimientos en términos de prácticas restaurativas, medidas alternativas a la privación de libertad y prevención de la violencia juvenil en el transcurso de estos diferentes intercambios.