jueves, 28 de julio de 2011

Guinea - Dos años después de acoger a los menores ¿qué ha sido de ellos?

Tierra de hombres (Tdh – Terre des hommes), con dos organizaciones colaboradoras, ayuda a niños y niñas que viven situaciones difíciles (maltratados, que viven o trabajan en las calles, encarcelados en prisión o detenidos en los puestos de vigilancia) a retomar el camino de una vida normal y asegurarles su futuro. Los asistentes sociales van al encuentro de estos menores, les escuchan, les aconsejan, buscan con sus familias las causas de su problema e intentan encontrar la mejor respuesta a sus necesidades (reinserción, mediación, asistencia jurídica, actividades psicosociales, alojamientos en centros de tránsito, etc.). La mayoría de niños y niñas se vuelven a juntar con sus familias, con las que pueden recuperar vínculos, vuelven a la escuela o empiezan una formación profesional.
Pero este trabajo social no se limita a estos resultados, principalmente es cuestión de garantizar que el niño o niña esté mejor protegido y que él y su familia trabajen para asegurar que no sufra más las mismas violencias y que viva en un entorno protector.
Tdh ha hecho un estudio y ha encontrado a 74 menores de los 603 que tuvo a su cargo entre 2009 y 2010, a fin de determinar si su situación habían cambiado realmente desde su seguimiento.
Entre los 74 menores, más de dos tercios de ellos sufrían en esa época problemas de violencia y/o explotación (menores delincuentes, niños y niñas que vivían o trabajaban en la calle). Los demás niños vivían en familias muy pobres: ellos preferían ir a vagabundear por la calle, por un lado, para no ser una carga para sus padres y, por otro, para intentar encontrar algo para ayudarles.
Las principales expectativas de estos niños y niñas en ese momento eran continuar sus estudios, estar con su familia, no sufrir violencia y aprender un oficio. Finalmente, gracias al trabajo de los educadores sociales del proyecto, un 41% de ellos se han beneficiado de una reinserción familiar, un 43,6% de una reinserción escolar y un 15,4% de una reinserción profesional. 
En la memoria de estos menores, la escucha y la mediación han sido elementos esenciales. Esto ha permitido a los que estaban separados de sus familias a reanudar los vínculos, comprenderse los unos a los otros. Igualmente, el proyecto de Tdh les ha provisto de material escolar, ropas y a veces incluso ha ayudado a las familias a desarrollar una actividad que genere recursos para que el niño o niña pueda estudiar sin preocuparse de los problemas financieros de sus padres. Los mayores, que querían aprender un oficio, se acuerdan de que han sido escuchados y de que han podido seguir la formación profesional de su elección: generalmente peluqueras y modistas las niñas, y mecánicos (moto y bici) los niños.
Según los tutores y los trabajadores sociales, todos los menores actualmente parecen mucho más estables, más cercanos a sus familias y su situación educativa ha mejorado ampliamente. Para los niños y niñas, la mayor satisfacción es la de ir a la escuela o seguir una formación profesional. Los menores mayores en conflicto con la ley o los niños y niñas que viven en la calle, declaran que ahora son conscientes de la importancia de su familia. Los menores víctimas de explotación, más jóvenes experimentan también la necesidad de sentirse protegidos en el seno de un núcleo familiar estable y seguro, afirman estar orgullosos de vivir en familia. Estos niños y niñas también retoman sus estudios con mayor seriedad que antes y se consideran más felices y se sienten menos tímidos. El 93% de los padres de todos los niños y niñas interrogados estiman que sus relaciones han mejorado indiscutiblemente, los menores son más respetuosos y más respetados: más felices. 
En efecto, a la pregunta “¿cómo te sientes?”, un tercio de los niños y niñas respondió sentirse bien o mejor. Desgraciadamente, tres niños confesaron sentirse todavía mal. Entonces el estudio se ha inclinado hacia los eventuales temores que los menores puedan tener debido a su situación actual. La principal angustia para la cuarta parte de estos niños y niñas es la de revivir las situaciones que habían sufrido antes. Otros miedos que sienten estos menores son sobretodo su salud y la de sus familias, así como la incertidumbre frente al porvenir: el miedo de no poder continuar con sus estudios o de aprender un oficio.
Más de la mitad de estos menores creen que tendrán un futuro radiante, mientras que el resto no llegan a imaginar su futuro y hay cinco menores que vislumbran un futuro sombrío. Este estudio acabó con buenas notas para la mayor parte de estos niños y niñas. Sin embargo, demuestra, que los esfuerzos emprendidos para ayudar a los menores vulnerables deben seguirse a largo plazo. Los niños, niñas y sus familias tienen necesidad de apoyo, durante un  periodo más largo que el realizado hasta el presente. Incluso aunque ellos declaren que son felices, o que se sienten mejor, las tres cuartas partes de los menores entrevistados durante este estudio deben todavía estar en seguimiento, a fin de asegurar que no den marcha atrás o que surjan nuevos problemas: a fin de asegurarles protección y un futuro. Un seguimiento a más largo plazo que se aplicará a todos los niños que el proyecto tome a su cargo