jueves, 26 de mayo de 2011

El impacto genético de la desnutrición - Una bomba de efecto retardado

El ser humano es capaz de adaptarse a su entorno para sobrevivir. Se trata de uno de los principios fundamentales de la evolución humana. Sin embargo, poco a poco la ciencia ha revelado nuevas implicaciones. Así, la alimentación de la madre durante el desarrollo del feto como la de los niños y niñas en la primera infancia se ha comprobado que tiene consecuencias genéticas hasta ahora poco conocidas. Estas novedades deben de tener necesariamente un impacto sobre los programas de lucha contra la desnutrición.
La epigenética: ¿una nueva ciencia?
La epigenética es la ciencia que estudia la influencia del entorno sobre nuestros genes. “Nuestro patrimonio genético, compuesto por nuestro ADN es como nuestra voz”, nos explica el profesor Michel Roulet, persona-recurso en materia de salud de Tierra de hombres (Tdh). “Nos es propio y no cambia nunca. Pero los factores externos pueden influir en el resultado. Son estos factores los que componen la epigenética”.
Se ha comprobado que la alimentación de la madre durante el embarazo y del niño/a durante los cinco primeros años de vida es uno de los factores que pueden influir en la genética de un individuo. “Esta implicación no es nueva” modera el profesor Roulet. “Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, los médicos han comenzado a estudiar este fenómeno y el impacto de las hambrunas sobre la salud de los niños/as a largo plazo. Han demostrado que las mujeres que habían sufrido desnutrición durante el embarazo dan a luz bebes aquejados de retraso en el crecimiento. Pero sobretodo, aunque estos niños/as reciban rápidamente una alimentación correcta en los primeros años de vida, su esperanza de vida disminuye. De hecho, están predispuestos a toda clase de enfermedades: cardio-vasculares, hipertensión, diabetes, etc. Estos médicos, al principio fueron considerados como iluminados y ha sido necesaria una década para que sus conclusiones hayan comenzado a tomarse en consideración. Actualmente, se ha reconocido el impacto de la alimentación y ya no cuentan las publicaciones anteriores sobre el tema. Sin embargo, nuestra comprensión de lo que implica este descubrimiento sobre nuestra vida está todavía en estado embrionario”.
Una bomba de efecto retardado
El retraso en el crecimiento del feto o de los niños/as pequeños a causa de la malnutrición, revela la capacidad humana para adaptarse a un entorno desfavorable. Así, durante varios años nuestros genes son maleables y se forman en función de factores externos. “Es como si el niño/a se programara para ser pobre”, explica el profesor Roulet. Su cuerpo se adapta a una deficiencia nutricional importante y algunos órganos se desarrollan mejor y más rápido que otros para que el niño/a pueda vivir. Esta modificación se transmite durante varias generaciones. Así, un niño/a puede guardar en su patrimonio genético las marcas de la desnutrición sufrida por su abuela.
“Los problemas se agravan cuando el entorno al cual el niño/a está preparado cambia brutalmente”, prosigue el profesor Roulet “Su cuerpo no llega a enterarse y los riesgos de desarrollar enfermedades graves se multiplican. Estas predisposiciones  son transmitidas también a sus hijos/as y a sus nietos/as” 
Todos estamos implicados
Este fenómeno no solo ataca a los países en vías de desarrollo. Toda alimentación desequilibrada durante el embarazo o los primeros años de vida tiene las mismas consecuencias. Los países desarrollados, que ven como aumentan las tasas de obesidad infantil, las poblaciones de las grandes ciudades de los países en vías de desarrollo, que viven una mejoría muy rápida de las condiciones de vida, están implicados igualmente. Todos somos iguales ante este fenómeno.
Este problema universal corre el riego de ser el protagonista de un desarrollo con dos velocidades. Mientras que se aceleran las investigaciones en materia de lucha contra la obesidad y que todas las agencias de seguridad alimentaria de los países desarrollados se implican en esta cuestión, las industrias agro-alimentarias y farmacéuticas se frotan las manos a la vista de un nuevo prometedor mercado ¿quién de ellos se va a encargar de la lucha contra la desnutrición?
La lucha contra la desnutrición debe ser adaptada
No existe en la literatura casi nadie que se interese en relacionar la epigenética y la lucha contra la desnutrición en las casas de los niños y niñas pequeños. “Estos nuevos desarrollos deberían interpelarnos al más alto nivel”, escribió el profesor Roulet. “En los proyectos de la lucha contra la desnutrición aguda severa, nuestra prioridad número uno es la de hacer que los niños y niñas cojan peso lo más rápidamente posible. Pero para esto, ponemos al niño/a en un entorno para el cual no está preparado”.
¿Entonces no hay que intervenir? “Claro que no, el niño/a aquejado de desnutrición aguda severa está en peligro de muerte. Debemos intervenir. Pero es necesario realizar una recuperación muy estudiada. Si hacemos que un niño/a engorde muy rápidamente, le salvamos la vida a corto plazo pero aumentamos los riesgos de que desarrolle enfermedades muy graves más adelante y que transmita estas predisposiciones a sus propios hijos/as. Por lo tanto, la velocidad de la recuperación debe ser ralentizada para que el cambio del entorno sea lo menos brutal posible. Sin embargo, durante todo el periodo en el que el niño/a no tenga su peso normal, su sistema inmunitario está muy bajo y tiene riesgo de desarrollar infecciones que podrían ser fatales. Debemos buscar el mejor equilibrio posible entre estas dos preocupaciones antagónicas y esta cuestión sin duda va a hacer que no haya una respuesta satisfactoria durante muchos años todavía”.
Tierra de hombres interviene en el campo de la salud y la nutrición en 15 países a través de 19 proyectos. En 2010, 700.000 personas se han beneficiado de las actividades puestas en marcha.