viernes, 8 de abril de 2011

Colombia - La explotación sexual infantil: como poner fin a una vida

Laura (se ha cambiado el nombre), 15 años, vivía en casa de su madre, con su abuela y su hermana, en un barrio popular del norte de Cartagena (Colombia). Un día cuando entraba en casa después del colegio, su madre la esperaba, no con su comida, sino que le anunciaba que un hombre le esperaba en su habitación para acostarse con ella.
Laura no sabía quién era ese viejo, de donde venía su acento, mientras que la tocaba, le hablaba y le repugnaba. Ella solo sabía que si no satisfacía sus exigencias, su madre le pegaría con una manguera de riego. Y ella lo haría seguramente como lo había hecho muchas veces, sin importar la razón, por negligencia y sin ninguna consideración a su corta edad.
Sin embargo, su padre había sido advertido por una de sus vecinas, de las torturas que su mujer hacía sufrir a su hija. El había podido ver ese día una de estas escenas, cuando su hija no se lanzó a sus brazos. Aunque él ha puesto una denuncia contra su ex-mujer por violencia familiar, como la situación no ha cambiado, ha decidido llevar a Laura a vivir con él.
El creía que toda la violencia que había en su casa había terminado, sin saber que iba a descubrir lo peor. El solo estaba al corriente de los golpes que daba su mujer a su hija. Pero Laura no le había contado nunca lo que le obligaban a hacer después del colegio.
Algún tiempo después, Laura se ha enamorado y es novia de un muchacho de su barrio, y ha tenido un bebé. Sus exámenes del embarazo le han revelado que es seropositiva. Así es como su padre ha sabido que su ex-mujer la prostituía y que a causa de eso, ella deberá vivir con un virus mortal.
Inmediatamente, su padre denunció la incitación a la prostitución de su ex-mujer, junto con la Delegación de Tierra de hombres en Colombia, en abril de 2010. El abogado Merly Gonzalez Ferrigno se ha hecho cargo de la defensa de Laura, además, ha recibido de la justicia también acompañamiento psicológico. Ella tiene una profunda depresión. “Ella reniega completamente de su enfermedad  y actualmente está en una fase de rabia y de culpabilidad. Ella no quería tomar su tratamiento, solo por hacerse daño. Lo más triste era que vivía en tal estado de desesperación que su vida ya no le importaba”, explica María de Los Angeles Durent, psicóloga de Tierra de hombres, que trata estos casos todos los días.
El análisis psiquiátrico ha conseguido que Laura siga con el tratamiento. También se ha comprobado que su hija y su novio no estaban infectados por el virus del VIH/Sida. Actualmente Laura está otra vez embarazada, pero esta vez, nadie sabe de quién, ni si todavía toma los medicamentos. Ella y su familia desaparecen constantemente, se desplazan de un lugar a otro, incluso a casa de su madre, que no sabe que tiene un proceso penal.
Además del horror que había vivido y vive todavía Laura, lo que le está afligiendo es que, hace cerca de un año que el procedimiento penal fue iniciado y no se ha producido ninguna sentencia. “Es lamentable que la lentitud del organismo investigador haya dejado en mal lugar el valor de Laura, a pesar de la existencia de una ley contra este tipo de explotación. La víctima y su familia han perdido toda la fe en la justicia y actualmente están completamente desmotivados. Sin embargo el proceso continúa e incluso va por buen camino, lo que conforta a Tierra de hombres en su compromiso para lograr una condena ejemplar, para los que en lugar de proteger a sus niños llegan a ser sus peores enemigos”, declara Merly Gonzalez Ferrigno,  abogado en este asunto.
La problemática de la explotación sexual infantil ha llegado a ser una historia común en Cartagena. Todos los días, se descubren nuevos casos, en particular las niñas que ofrecen servicios sexuales a extranjeros, que parecen considerar que arruinar la inocencia de una niña forma parte del paquete turístico.
Se conoce bien el caso de Paolo Pravisani , condenado a 15 años de prisión por haber explotado sexualmente a dos niñas. Esta sentencia ha revelado las situaciones aberrantes que ocurren en estas casas, donde los muros esconden historias como la de Laura y de otras niñas que ven acabar su vida cuando debería comenzar.